Un ciudadano culto e instruido es condición vital para conservar una sociedad verdaderamente democrática. Miguel A. Terán

Podría decir que este título es un parafraseo a lo expresado por el escritor y político peruano Mario Vargas Llosa. Cuando éste afirmó que “Una sociedad libre y democrática tiene que ser una sociedad de lectores y la lectura es fundamental para la formación del ciudadano libre y democrático”.

lidervoice-logoPrefiero, sin embargo,  expresar la idea refiriéndome a la necesidad e importancia que el sistema social forme un ciudadano culto e instruido, quiero decir adecuadamente informado y consciente de lo que ocurre en su entorno y en el mundo, así como claro en sus deberes y derechos. En otras palabras, no es viable o no será sustentable en el tiempo una verdadera democracia donde los ciudadanos sean individuos ignorantes.

Expresaba el Libertador Simón Bolívar que “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, no dejaron de tener toda razón sus palabras y la historia ha demostrado como los pueblos ignorantes son atrapados por gobernantes y falsos líderes que los hacen caminar por oscuros senderos.

Ahora bien, no se trata solo de leer, porque además de esas lecturas que nos enriquecen el alma, es necesario leer y estar informado, desde diversas fuentes, acerca de lo que ocurre en nuestro entorno cercano y lejano, ya que estamos en un mundo global.  El líder debe ser un frecuente y perseverante lector, de variadas perspectivas; pero también, exigente para que sus seguidores y ciudadanos amen la lectura.

Es necesario el hábito de una lectura que produzca individuos reflexivos, al expandir en ellos sus horizontes y perspectivas de vida. Hoy día, aquel que cuenta con pocos y viejos libros de consulta, estará cerrándose a lo nuevo, haciendo honor a la frase de quien fue uno de los psicólogos más brillantes del pasado siglo, el estadounidense Abraham Maslow quien expresó “Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo”.

Es un hecho que nuestro mundo llega hasta donde podemos entenderlo, describirlo y explicarlo con nuestro lenguaje, de allí la importancia de un lenguaje rico en contenidos, información y conocimientos variados, pero profundo en los temas críticos, que nos convierta en individuos reflexivos y conscientes. Decía  la religiosa mexicana Juana Inés de la Cruz  “No estudio por saber más, sino por ignorar menos”. Otra religiosa, mística y escritora española Santa Teresa de Jesús, decía  “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”.

El hábito de la lectura, nos permite entender nuevas y diferentes perspectivas y puntos de vista, al dar sustento teórico y explicación a nuestras experiencias.  Para quienes no creen en la importancia de comprender la teoría antes de la práctica,  el psicólogo alemán Kurt Lewin afirmó que «No hay nada más práctico que una buena teoría». Mientras el filósofo griego Sócrates consideraba que: «Solo hay un bien: el conocimiento; y solo hay un mal: la ignorancia». Leer es alimento no solo para la mente, sino para el corazón y el espíritu.

Es un hecho –a través de los tiempos- que la lectura junto al conocimiento que ésta puede proveer, ha sido tradicionalmente atrapada o secuestrada por algunos como herramienta para dominar a otros. Se reconoce que conocimiento es poder, y es ello es una realidad.

Esto queda demostrado cuando algún grupo de una corriente política, que podemos considerar extrema, de derecha o izquierda,  toma las riendas de alguna nación o pueblo, el primer objetivo es “poner mano” a la educación. La razón es simple, la educación es la mejor herramienta para adoctrinar y dominar en el mediano y largo plazo. Sin embargo, lo cierto es que todo sistema social adoctrina, y los sistemas más democráticos también lo hacen. Es un hecho que los sistemas deben reproducirse para  sobrevivir, consolidarse y crecer, y la lectura de temas escogidos por un particular sistema,  son requisitos para que la fórmula de dominio funcione. Aunque en democracia esta fórmula debe expandir mentes, nunca limitar.

Pero también la ignorancia hace malas jugadas, traiciona a quien la siembra, por ello muchos sistemas sociales al mantener a su pueblo ignorante, lo están dejando expuesto a que otros grupos, sus opositores, puedan también convencer con mejores palabras o engañosas ofertas a un pueblo ignorante, volteando la jugada. Aquí volvería a aplicar la sabía frase de Simón Bolívar que mencionamos líneas atrás “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

Hemos olvidado el hábito de la lectura como una opción para desarrollarnos, superarnos y crecer, pero sobre todo para dejar la ignorancia a un lado. Esa falta de hábito y de no reconocer los enormes beneficios de la lectura, nos lleva a juzgar cualquier escrito, por corto que sea,  como largo y aburrido o a dar interpretaciones a temas, sin la necesaria profundidad. En los tiempos actuales y por venir, el conocimiento crece cada segundo y una escasa relación y contacto con la información  y la reflexión de lo leído, no nos permitirá comprender ni resolver nuevos problemas,  ni mucho menos progresar.

Lo paradójico es que nuestras sociedades estimulan la urgencia, rapidez y la superficialidad, acostumbrándonos a una lectura poco profunda, de titulares. Entonces, por esa falta de teorías y conceptos, pretendemos resolver temas con la sola experiencia, haciendo lo mismo todo el tiempo y esperando resultados distintos. Estamos rodeados de datos, información y conocimiento, pero podemos permanecer en la más absoluta ignorancia al no poderlos comprender.

Leer en definitiva contribuye a hacernos libres, abriéndonos caminos y perspectivas. Pero tengamos muy presente que leer también es un riesgo, porque hoy día estamos rodeados de lectura de todo tipo, mucha de la cual podríamos considerar como “chatarra” o “basura”.  Además, de cantidades de información sesgada o manipulada, por oscuros intereses. Requerimos tener racional criterio para escoger nuestras lecturas.

Leer de todo es no leer nada, es una forma de enloquecer. El otro extremo, leer poco también es un riesgo, al respecto  el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno planteaba que  “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”, porque al leer poco, podemos quedarnos con un punto de vista sesgado o una perspectiva miope o de poca profundidad sobre un tema.

En conclusión, como líderes y ciudadanos, si queremos conservar la democracia, será necesario leer para informarnos e instruirnos, reflexionar acerca de lo leído, intercambiar opiniones sin fanatismo, ampliando nuestros criterios, modificando creencias, paradigmas y elementos de juicio, y así poder comprender lo que ocurre en nuestro mundo, convirtiéndonos en ciudadanos conscientes y comprometidos con los principios humanos y los valores de una sociedad verdaderamente democrática.

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