“Los políticos son como los pañales, deben ser cambiados con frecuencia y por la misma razón”. George Bernard Shaw (1856-1950) Dramaturgo, crítico y polemista irlandés.

Tomé como referencia, para desarrollar este artículo, la célebre y genial frase del dramaturgo irlandés George Bernard Shaw. La referida frase expresa satíricamente la razón por la cual los ocupantes de cargos políticos –a cualquier nivel- deben tener un tiempo limitado en su gestión de gobierno. Hago la aclaratoria cargos políticos de gobierno, refiriéndome a aquellos cargos cuyo ocupante fue elegido en una votación nacional, regional o local.

La idea de no perpetuarse en el poder, tradicionalmente, ha sido asociada con evitar que ello ocurra en las presidencias de países; no obstante, debería ser un criterio de aplicación universal para todas las posiciones políticas electas de gobierno. Los mandatos o períodos de gobierno en los diferentes niveles políticos de gobierno fluctúan -regularmente- entre dos lidervoice-logoaños y seis años. Y la lógica indicaría que el límite debería ser un máximo de dos períodos continuos para todo tipo de cargo político de gobierno. Personalmente, me inclino porque el período debería ser de cuatro años en todas las posiciones, para que ello dé tiempo al candidato elegido para concretar proyectos sin deteriorar su contribución al logro.

En la mayoría de los países los ciudadanos otorgan especial – y casi única- importancia a las elecciones presidenciales, en las cuales se pretende conseguir un líder que “resuelva todo”. Desgraciadamente, no siempre esa expectativa o esperanza se hace realidad. Sin embargo, pasan en “silencio” o “por debajo de la cuerda” las elecciones de Senados, Congresos, Gobernaciones o Alcadias, al ser consideradas -por esos mismos ciudadanos- como de menor importancia, lo cual es un grave y terrible error, ya que todas estas instituciones políticas tienen significativa y determinante influencia en el destino de países, estados y sociedades en general.

Es común que ni siquiera tengamos conocimiento de las fechas en se realizan algunos procesos electorales de estas otras instituciones o instancias del gobierno. No existen, en buena parte de estos candidatos, ni siquiera propuestas de su futura gestión de gobierno, ni mucho menos información referente a sus calificaciones profesionales, formación y experiencia para asumir tales posiciones.

Observamos -en diversos países- letreros en calles y autopistas que invitan a votar por alguien, con una foto (hoy día muy de Photoshop) y un número de plancha o boleta electoral. Nada adicional. Entonces, cómo poder elegir al más idóneo candidato y, posteriormente, exigir cumplimiento a alguien que ni siquiera nos dijo que “pensaba hacer en caso de resultar ganador”. Para muchos de estos individuos -tal vez- su real compromiso es con el partido que los postuló, con su grupo de referencia y con ellos mismos.

Entonces, es necesario, como ciudadanos tomar conciencia acerca del importante rol de todas las instancias del gobierno y la influencia, impacto y efecto que cada una de éstas posee. Es indispensable dejar a un lado solidaridades automáticas con algún partido o líder político, para evitar que votemos todo el tiempo por un determinado partido o cada vez que sea posible votar por un mismo candidato, sin considerar otros candidatos, planes ni propuestas de gobierno. La experiencia nos ha demostrado que algunas veces un presidente competente es -literalmente- maniatado por un congreso de oposición o viceversa, cuando un incompetente es apoyado -sin límites- por un congreso con mayoría de su misma tendencia política.

Si bien es cierto que algunas relaciones y cosas se fortalecen con el tiempo, también en cierto que, a otras, el paso del tiempo las deteriora, y el liderazgo político parece ser una de estas últimas. Hemos visto líderes políticos en diferentes países cuya primera gestión de gobierno fue exitosa, lo cual le permitió ser reelegido para un segundo período, cuyos resultados fueron opacos y sin el brillo del primero.

Es fácil observar cómo cantidad de políticos han estado -literalmente- enquistados ocupando cargos políticos de gobierno por décadas. Impidiendo acceso a nuevas generaciones de individuos y conservando el statu quo en muchos temas que los tiempos han exigido cambios, pero que nunca llegaron ni llegarán de la mano de estos individuos. Esos políticos enquistados, con el excesivo tiempo en posiciones políticas, se han llenado de innumerables relaciones y compromisos que ponen en duda la claridad de su gestión y disminuyen a su mínima expresión la posibilidad de cambios.

Concluyo ratificando que la elección de los más competentes e idóneos líderes políticos -a cualquier nivel- es condición vital no solo para dirigir naciones sino también para liderizar Senados, Congresos, Condados, Alcaldías, Municipalidades y otros gobiernos locales que contribuyan al armónico y efectivo desarrollo de países, sociedades y comunidades, para que ello se refleje en la mejor calidad de vida de sus ciudadanos.

Miguel A. Terán

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