Si bien es fundamental reconocer y valorar la trayectoria de un empleado dentro de una organización o institución, la antigüedad no debería constituir el único criterio para la toma de decisiones relacionadas con promociones, ascensos, transferencias, permanencia en cargos o procesos de reorganización de departamentos o áreas.

La experiencia acumulada y los conocimientos adquiridos a lo largo de los años representan un activo importante para cualquier organización o institución. Los empleados con una extensa trayectoria suelen aportar estabilidad, conocimiento de la cultura organizacional y una comprensión profunda de los procesos internos. Sin embargo, la antigüedad, por sí sola, no garantiza un desempeño superior ni una mayor capacidad para responder a los desafíos actuales y futuros de la organización o institución.
