Liderazgo: Sensible o Flexible: Una importante diferencia.

 

En muchos ámbitos, contextos o situaciones de nuestra vida confundimos flexibilidad con sensibilidad, cuando en realidad son conceptos distintos. Podemos afirmar que sensibilidad incluye flexibilidad, pero flexibilidad es apenas una parte del ser sensible.

A diferencia del extremo que representa el individuo rígido, el individuo flexible –por su parte-  es susceptible a cambios según las circunstancias o necesidades,  pudiendo evaluar,  escuchar y considerar ideas u opiniones diferentes a la suyas propias; y cuando le son convenientes o convincentes, puede superar sus creencias y paradigmas, haciendo genuinos esfuerzos por cambiar o modificar su posición original o inicial.

La flexibilidad es resultado de entender, pero no necesariamente de comprender, tal cual lo dice la expresión: «Te entiendo, pero no te comprendo», porque posiblemente “aceptamos” una situación, por diferentes y variadas razones e intereses, pero al no comprender ni tener conciencia de esas razones o intereses nos cuesta solidarizarnos con la misma. En otras palabras podemos ser flexibles, pero no sensibles.

Por el contrario, un individuo sensible se conecta de manera profunda con las ideas, opiniones, eventos, sucesos o circunstancias; y por supuesto,  con las percepciones, necesidades, emociones, sentimientos y cambios de las personas involucradas.  Las decisiones del individuo equilibradamente sensible deben conllevar, además del componente racional,  una razonable mezcla de emociones y sentimientos que le guían al momento de evaluar e interpretar personas, circunstancias, hechos o eventos.

Los individuos sensibles son seres receptivos y capaces de apreciar diferentes detalles de lo que ocurre a su alrededor, lo cual les permite  obtener equilibradas conclusiones, desde distintas perspectivas.  Cuando somos sensibles nos interesamos y preocupamos de verdad por los demás o por lo que ocurre en el entorno, llegando a realizar sacrificios y esfuerzos para apoyar y colaborar en todo lo que nos sea posible.

Equivocadamente, en algunos contextos ser sensible es mal interpretado, al considerarlo  signo de debilidad. De ninguna manera podemos considerar la sensibilidad como señal de debilidad,  porque para un ser humano preocuparse -de manera genuina- por otros seres humanos o por su entorno físico y social, es parte vital del ser humanos.

Desde esa perspectiva de debilidad, muchos individuos evitan sensibilizarse con algún tema, idea, causa, propósito o persona para no involucrarse, pero con esa actitud se les escapa el necesario compromiso que nos compete como seres humanos. Parte de los problemas de nuestro tiempo es la insensibilidad de muchos individuos. Sin duda que no podremos construir un mundo diferente con individuos indiferentes.

La realidad es la realidad. Pretender actuar de manera insensible ante la realidad, no la cambia ni la desaparece.  “Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”, expresó el escritor y bioquímico estadounidense Isaac Asimov. Más temprano que tarde las consecuencias de esa realidad desatendida retornarán a nosotros, impactando nuestro futuro.

Un mundo diferente no puede construirse con individuos indiferentes, tal cual lo expresan algunos escritos expuestos en las redes. La indiferencia atenta contra la sensibilidad, porque un individuo indiferente no puede ser sensible; por ello, la indiferencia es uno de los peores enemigos de la sensibilidad.

En el mundo organizacional, al igual que en el personal, será imposible crear una auténtica y genuina relación de amistad, colaboración o trabajo, sin ser sensibles. El compromiso de la gente que nos rodea no se alcanza solo con flexibilidad, se requiere dar muestras genuinas de sensibilidad para lograrlo.

La sensibilidad nos exige creer,  confiar, tener una comunicación abierta y profundo respeto por el otro, llámese persona o entorno. Por el contrario, al individuo desconfiado e inseguro no le será posible ser sensible, porque siempre juzgará mal o lleno de dudas, cualquier evento o circunstancia que ocurra a otra persona o en el entorno.

Una característica no solo requerida, sino indispensable,  en los líderes así como en quienes dirigen o supervisan a otras personas es que sean individuos sensibles. Un auténtico líder requiere una actitud de sensibilidad hacia otros y el entorno. Sensibilidad hacia las circunstancias, expectativas, necesidades, deseos  y sueños del otro. Un líder está alerta, interesado, preocupado y ocupado con lo que ocurre en su entorno, porque está consciente que su liderazgo dependerá de su sensibilidad ante las personas y entorno.

La persona sensible es empática, se coloca de verdad en el lugar de la otra persona “en los zapatos del otro”, para entender desde la perspectiva del otro sus planteamientos e inquietudes. Un líder o quien dirige a otros debe evitar permanecer solo en sus «propios zapatos», porque  entonces verá únicamente desde su propio punto de vista y perspectiva, quizá sesgada y miope. En resumen, el reto es lograr que nuestra actitud y conducta respondan a un interés genuino por el desarrollo, mejora  y transformación de personas y entornos, para lo cual ser sensible es un rasgo vital.

Miguel A. Terán – Editor

Nota: imagen extraída de la web.

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