El líder que pierde contacto con la realidad. Miguel A. Terán

Afirmaba, el estadounidense Max DePree, quien fue uno de los grandes expertos en liderazgo, que la primera responsabilidad de un líder es definir la realidad. Afirmación absolutamente cierta, porque ese será el camino que el líder y sus seguidores transitaran.

Sin embargo, debemos estar claros que es extremadamente difícil la tarea de definir la realidad. Es complejo –cuando no imposible- para el líder,  o para cualquiera de nosotros, que la realidad sea algo distinto a la manera de percibirla o interpretarla, procesos que son resultado de nuestras propias creencias y paradigmas.

Tal vez para cosas, sucesos, eventos o circunstancias elementales la interpretación de la realidad estará basada en los sentidos y en hechos; pero más allá de lo básico se apoyará en nuestras percepciones, las cuales son guiadas por una compleja mezcla de emociones y “razones”.

La historia de la humanidad ha estado llena de líderes irracionales que han llevado a sus seguidores por oscuros senderos. Muchas veces el líder comienza su gestión con una realidad en mente, pero por diversas razones la sesga en el camino, haciéndola tomar otros rumbos. Innumerables historias de liderazgo comenzaron con un bonito sueño y concluyeron como una espantosa pesadilla. Otras, sin duda, fueron una pesadilla desde el principio, menos en la mente del líder.

Esta “realidad” del líder se convierte en realidad en cualquier ámbito, ya que las organizaciones o empresas tampoco escapan de ese líder que puede hacerlas transitar por caminos oscuros. La historia está llena de ejemplos de empresas empañadas -que perdieron su transparencia y resplandor- cuando sus líderes crearon en ellas un efímero y perecedero resplandor, resultado de imponer en las mismas su propia “realidad”.

Entre las actitudes más visibles de ese líder que pierde contacto con la real-realidad, está la radicalización en el paso del tiempo de su propia “realidad”. El líder coloca su punto de vista en un extremo de lo que fue un continuo, ya no hay puntos intermedios, ni valores relativos, porque todo para él es absoluto. Su perspectiva es polarizada, y allí toma vigencia esa frase “Estás conmigo o estás contra mí”; de nuevo, han desaparecido los puntos medios y ni rastro de puntos de encuentro.

Pero en todo caso, para continuar desarrollando el tema, tomemos esa “realidad” con la cual el líder convence inicialmente a sus seguidores, para bien o para mal. Esa realidad que tiene dos ángulos, el hoy y el mañana, y el líder pretende cerrar la brecha entre ambos. Pensemos positivamente en una realidad dirigida a  la búsqueda de algo loable, una causa en beneficio de otros, sin interés personal.

Si el líder desea en verdad comprender la realidad, no imponer una propia, requerirá alcanzar una visión integral de la situación actual y su evolución en el tiempo, para evitar tomar  medidas  superficiales y cosméticas, que no llegan a satisfacer las necesidades de sus seguidores ni del entorno.  Evitando desperdiciar recursos al atacar solo síntomas o consecuencias.

El líder debe comprender –con mente abierta- cómo ha evolucionado la situación en el tiempo, cuáles son y han sido las principales variables, reconocer todos los actores involucrados y ponderar las ventajas, desventajas y riesgos de las diferentes alternativas de solución,  permitiendo alcanzar mejoras y logros positivos a corto, mediano y largo plazo, para beneficio de todos.

No obstante, el riesgo que el líder pierda contacto con la realidad seguirá latente –parece que es una patología del poder- y se sentirán sus consecuencias cuando trate de imponer su propia realidad. Como todo proceso, el deterioro se consolidará en el tiempo. El líder comenzará por acabar con toda disidencia, aplastando cualquier “realidad” que no sea la suya propia y se irá rodeando de personas que como eco repetirán lo que él desea escuchar.

Es un hecho, que nuestra perspectiva de la realidad, permitirá que establezcamos diferencias significativas para ayudarnos a una mejor comprensión de lo que nos rodea u ocurre a nuestro alrededor. Pero sí esa perspectiva es estrecha y limitada, nuestra “realidad” será igualmente estrecha y limitada, y allí perderemos contacto con la real-realidad. Cuando esto ocurre a líderes de empresas o sociedades, las consecuencias pueden ser nefastas para muchos y prolongadas en el tiempo.

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