El líder debe reconocer el conflicto real o potencial para resolverlo, ya que al desconocer u ocultar el conflicto solo lo estará incubando. Miguel A. Terán

Una de las habilidades críticas de un auténtico líder es anticipar potenciales conflictos, para evitarlos a tiempo, ahorrando el innecesario desgaste. Un conflicto, generalmente, surge de intereses confrontados o contrapuestos entre dos o más partes. Si el conflicto no se resuelve de una manera racional, consensuada, diplomática y a tiempo, éste tenderá a fortalecerse y consolidarse, mientras las partes involucradas emprenderán acciones de defensa, para protegerse y neutralizar daños, a la vez que iniciarán acciones de ataque para generar perdidas, daños o eliminar a la otra parte.

El líder debe comprender que el conflicto es inherente a la dinámica y condición lidervoice-logohumana y social, ya que múltiples y variadas perspectivas sociales, históricas, culturales y de todo tipo dan cabida al conflicto. Sin embargo, muchos conflictos surgen de equivocadas percepciones e interpretaciones o de deficiencias en procesos de comunicación. Aunque -sin duda- existen conflictos donde están presentes raíces culturales, religiosas, ideológicas y filosóficas profundas, y en los cuales el respeto y apertura mental del líder juega un rol importante para evitar o resolver los conflictos.

El efectivo diagnóstico de la situación y de las características del conflicto es vital para definir la realidad, la cual es la principal responsabilidad del líder, según afirmaba el especialista en liderazgo Max De Pree. Un efectivo diagnóstico permitirá que el líder haga un adecuado pronóstico y pueda tomar las decisiones y acciones más certeras.

El líder debe ser un respetuoso y claro negociador de puntos medios y de puntos de encuentro. “Más vale un mal arreglo que un buen pleito” dice un refrán popular, reconociendo que conviene llegar a acuerdos, aunque no sean muy ventajosos, para evitar conflictos que puede ser costosos y de inciertos resultados. El líder debe reconocer que existen puntos de consenso entre las partes y hacer énfasis en reforzar lo que une.

El respeto es el elemento o herramienta clave para una efectiva negociación, no el uso del poder, porque éste último es uno de los principales incubadores de problemas. El poder no resuelve los problemas, porque generalmente no ataca sus raíces o causas sino sus síntomas, y coloca los problemas -valga la analogía- en un estado de hibernación, disminuyendo temporal las acciones, pero los problemas continuarán creciendo y resurgirán más temprano que tarde.

Entonces, el primer enfoque del líder debe estar dirigido a definir y determinar con precisión el real o potencial conflicto, sus características, alcances, causas, evolución y consecuencias. Deberá evaluar todas las acciones disponibles para evitarlo, pero dedicar esfuerzos y recursos a resolverlo desde sus raíces, no simplemente evitándolo, ya que cuando sus causas no son resueltas -como dijimos líneas atrás- lo que haría será ocultarlo mientras el conflicto crece, se diversifica y fortalece.

Todo lo expresado anteriormente nos lleva a afirmar que parte importante de la actividad de un líder es ser observador, perceptivo e intuitivo para detectar a tiempo el surgimiento de necesidades, inquietudes, brechas y desvíos que conducirán a futuras diferencias, problemas y potenciales conflictos.

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