Un auténtico líder no solo debe diagnosticar los problemas y prescribir o recetar soluciones, sino también garantizar la adecuada y efectiva dosificación. Miguel A. Terán

El superficial o equivocado diagnóstico de la situación o problema por parte del líder, llevará a ese líder a recetar una errónea prescripción y/o dosificación de los procedimientos y acciones requeridos para resolver o solucionar la situación o problema. En otras palabras, lo llevará a recomendar un equivocado remedio, mientras el problema y sus consecuencias, debido al error de diagnóstico, seguirán creciendo, fortaleciéndose y agravándose.

logo-lider-voiceAunque en mis artículos o notas no me gusta referirme a individuos, lugares ni casos en particular para evitar discusiones basadas en personas o situaciones, pondré esta línea editorial a un lado y tomaré la libertad de mencionar un par de casos, ocurridos en Latinoamérica, uno de hace unas décadas y otro reciente, que a mi entender son ejemplo del título de este artículo.

En el primero de ellos, cronológicamente hablando, el expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, en su segundo gobierno, pretendió hacer algunos cambios vitales para llevar al país por una mejor vía hacia el desarrollo, aunque el diagnóstico podría haber tenido fallas o ser incompleto, su receta lucía posiblemente buena, para avanzar. Sin embargo, su mayor error estuvo en la dosificación de los cambios. Una dosificación extremadamente recurrente, en otras palabras, con dosis continuas -quizá un poco fuertes- e intervalos muy cortos, lo cual impidió que fuese adecuadamente digerida y asimilada por la sociedad, produciendo -literalmente- el efecto de una sobredosis, que resultó en una convulsión social colectiva.

En un caso más reciente, estimo que ocurrió una situación parecida con el presidente Macri, en Argentina. La receta de cambios pudo haber sido razonablemente válida, quizás muy presionada, lo cual me hace pensar que el diagnóstico tuvo sus paradigmas y sesgos, pero sin lugar a duda que el mayor error estuvo en dosificar los cambios de manera muy violenta, produciendo el resultado de una sobredosis que hizo efecto en la sociedad y en los resultados electorales.

El líder político no debe “comprar” recetas “pre-empacadas”, traídas de otros horizontes y basadas en otras perspectivas e intereses, para resolver problemas de su país o comunidad, porque cada lugar tiene sus propias y particulares circunstancias y cultura, que son resultado de lo ocurrido a través de la historia y vivencias única de ese lugar. Como resultado de sus particulares sesgos, paradigmas e intereses muchos organismos e instituciones internacionales evalúan con miopía y hasta ceguera, lo que ocurre en algunos lugares, recomendando soluciones absolutamente inválidas por su desfase con la realidad del momento. Es imprescindible considerar la cultura de una sociedad o país para poder comprender su sistema social, económico y político.

Es básico que el líder -en cualquier ámbito- pero vital en el ámbito político, entienda y comprenda de procesos, reconociendo que el principal insumo de un proceso es el tiempo. En otras palabras, los procesos requieren una secuencia de pasos -en el tiempo- para lograr cambios viables y sustentables. Si los cambios propuestos pretender revertir o volver la sociedad a estados anteriores, el líder debe comprender las características del estado anterior y del estado actual, definiendo con visión de estadista -no de político- una ruta hacia el estado deseado, y estableciendo con cautela, sutileza y precaución los pasos a seguir en el tiempo. Un auténtico líder político debe ser un estadista. En otras palabras, un individuo –según lo definió Winston Churchill- “Que piensa en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Los posibles cambios -a implantar- deben analizarse y evaluarse de manera concienzuda, con precisa atención y detenimiento, proyectado resultados y consecuencias, así como, dejando opciones de salida y de reversa o marcha atrás. Tal vez, podríamos decir que no deben estar escritos en piedra, que son reversibles, pudiendo volver a un estado o condición anterior. Aunque -generalmente- no es viable hacer esta reversión, cuando ya la receta y la dosis han causado profundos daños y problemas, es mejor detectar a tiempo cualquier falla o anomalía, para corregir.

Ese proyecto de cambio, por lógica, debería estar divorciado de un logro total para un período de gobierno, por razones de tiempo. Considero que un líder político falla cuando por diversas presiones cede continuamente ante las urgencias y compromisos, perdiendo la visión a mediano y largo plazo de sus decisiones y acciones.

La armonía, balance y equilibrio humano y social se descomponen ante los cambios violentos; por ello, reiteramos que un razonable diagnóstico, con una aceptable prescripción o receta, podría contribuir a que las sociedades avanzaran, pero una inadecuada dosificación destruiría cualquier proyecto de gobierno y haría daños casi irreversibles a la sociedad.

Este consejo de diagnóstico, prescripción y dosificación debe ser guía para el efectivo liderazgo en cualquier ambiente, entono o ámbito, sea este organizacional, social, político, educativo, comunitario, etcétera.

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