“El efectivo manejo del poder es una de las mayores pruebas a superar por el líder”. Miguel A. Terán

 

Con seguridad serán muchos los artículos referidos al tema de Liderazgo y Poder en la página de LiderVoice, la razón es simple, el manejo del poder es crítico para un efectivo liderazgo.

Comencemos por reconocer que muchas circunstancias, situaciones o momentos no necesariamente cambian a las personas, simplemente les quitan el antifaz o disfraz, dejándolas al descubierto; una de éstas es el Poder. A través de los siglos, brillantes pensadores han expresado que si queremos conocer a cualquier individuo, solo requerimos otorgarle,  asignarle o revestirlo de poder.

Sin darse cuenta, quien comienza a alcanzar u obtener poder, cambia. Buscando –quizá casi exigiendo- la solidaridad automática a sus ideas, objetivos y acciones,
más que la razón o justificación de las mismas.

Definir el poder como concepto es complejo, aunque reconocemos que éste se asocia con fuerza, capacidad o dominio. En su sentido negativo, está ligado a obligar, oprimir, reducir o limitar a otros.  En su sentido positivo, lo asociamos con facilitar, hacer posible y desarrollar a otros y al entorno. En resumen,   es una capacidad real o percibida que permite a quien lo ejerce impactar la vida de otras personas y del entorno, para bien o para mal.

En su lado oscuro, el poder -al igual que el dinero- es uno de esos deseos que no se sacian, no tiene límites, entre más poder se tiene, más poder se desea.  Un ejemplo, es que muchos individuos se incorporan a un proyecto de una manera que podríamos considerar pura o desinteresada, en lo político es común, pero detrás de esa “pureza” o “desinterés” inicial se esconden sus verdaderos intereses, que irán surgiendo con el tiempo, uno de los más comunes es el interés por obtener y manejar poder.

Tristemente, es común que el individuo utilice el poder adquirido para defender sus propios intereses, los de su grupo y conservar sus posiciones de poder a toda costa. Los beneficios del poder, no necesariamente están ligados al poder per se o por sí mismo, sino al manejo de estatus, personas y recursos, con los cuales el individuo válida y disfruta su poder.

Son muchos quienes aspiran al poder sin estar debidamente preparados para ello, porque es un hecho que el poder exige adecuada preparación y formación para su efectivo y sano manejo,  no solo para gestionarlo adecuadamente, sino para soportarlo sin que nos consuma. Para asumir efectivamente el poder y estar capacitado para ejercerlo, se requiere tiempo,  para formarse y consolidarse primeramente como ser humano y social.

Se dice que el poder es un arma de dos filos, porque puede tener efectos contrarios, y en algún momento cortará a quien lo posee sino está preparado para utilizarlo. El político e intelectual español Enrique Tierno Galván lo expresaba diciendo “El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla”.

Un ejemplo del inadecuado uso de poder se hace visible en el “líder” que pretende ser el único protagonista o actor, actitud que –más temprano que tarde- le condenará al fracaso, porque estará recargado de infinitas decisiones –al no delegar-, no dispondrá de tiempo para estimar el alcance e impacto de sus decisiones y acciones, ni formará generaciones de relevo. En otras palabras, parece válido desconfiar de un “líder” que no forma líderes sino que solo quiere conseguir, tener y acumular más seguidores. Porque se reconoce que “La función del liderazgo es producir más líderes, no más seguidores”, tal cual lo afirma Ralph Nader, el activista y abogado estadounidense.

Por el contrario,  el auténtico líder empodera a sus seguidores propiciando que surjan nuevos líderes desde la base. Es una triste verdad, pero al poder le ocurre como al nogal, en referencia al árbol de nogal, que no deja crecer nada bajo su sombra, expresó Antonio Gala, el dramaturgo, poeta y novelista español. Muchos individuos no aceptan sombra; por ello, erróneamente no se rodean de gente de calidad, mientras se van llenando de seguidores sumisos pero no comprometidos. Al impedir que el poder baje a otros niveles, este tipo de  el líder solo contribuye a centralizar los proceso de decisión, haciendo inflexibles y  burocratizando organizaciones e instituciones.

El reconocido líder Jack Welch, ex director de GE, lo clarificó diciendo “Antes de ser líder, el éxito solo se trata del crecimiento propio. Una vez que te vuelves un líder, el éxito se define por el crecimiento de otros”. He allí una de las más importantes funciones del auténtico  liderazgo, formar y desarrollar a otros.

El gran reto del poder es utilizarlo para organizar y dirigir de manera óptima personas, energía y recursos, a fin de alcanzar los objetivos de bienestar para todos los integrantes del equipo, sea éste una empresa, institución o una sociedad.

Un auténtico líder  tiene conciencia de la importancia del adecuado uso del poder para la efectividad de su gestión; por ello, buscará armonía, balance y equilibrio al tomar decisiones y emprender acciones, considerando a todas las partes involucradas y estimando el impacto, consecuencia y resultado a corto, mediano y largo plazo de esas decisiones y acciones. El buen uso del poder, es inversamente proporcional al beneficio individual del líder y directamente proporcional  al beneficio colectivo.

MAT/ Septiembre 21, 2016.

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