Liderazgo y Sociedad. Miguel A. Terán

Los líderes al influenciar gente, aunque sea dentro de su limitado entorno, tienen –sin lugar a duda- algún tipo de impacto y responsabilidad por lo que ocurre en la sociedad o en el sistema en general. Considero que una visión miope del líder, por pequeña que sea la dimensión de su entorno de liderazgo, lo llevaría a circunscribir el impacto y consecuencias de su liderazgo solo a la parte que lidera, sin reconocer que está –en mayor o menor grado- actuando para bien o para mal sobre la totalidad del sistema.

El liderazgo solo puede definirse -como tal- dentro de un contexto o entorno social. Sin embargo,  los resultados y cambios, tangibles e intangibles,  propiciados por el líder deben beneficiar a la sociedad como un todo, nunca -en particular- para el solo beneficio de alguna parte o en perjuicio o detrimento de otra.  Pensar en un beneficio parcial, solo enfocado a su entorno, hará de éste beneficio algo pasajero o temporal para el líder y ese entorno.

Un auténtico liderazgo debe ser reconocible por la permanencia en el tiempo de los resultados de sus decisiones y acciones. Por lo contrario, es un hecho cierto, que muchos sueños y esfuerzos de líderes son efímeros, no sobreviven al líder, una vez el líder desaparece todo parece derrumbarse. Estos casos han sido visibles en diferentes contextos, sean empresariales, políticos, sociales, económicos, etcétera, donde la desaparición del líder conlleva la desaparición o distorsión del proyecto.

Es vital que el líder se comprometa con el «todo» y no solo con la «parte», porque la «parte» no podrá sobrevivir en un «todo» inhóspito o tóxico. El Emperador Romano, Marco Aurelio, expresaba algo que los lideres no deben olvidar: “Nada que no sea bueno para el panal o la colmena, tampoco es bueno para la abeja”. Lo cierto es que interactuamos en un sistema y, más temprano que tarde, todo lo que ocurra o suceda en alguna parte del sistema tiene efecto en otras partes, beneficiando o perjudicando al sistema total, sin escapatoria.

Erróneamente,  el líder pudiera considerar en su gestión solo su beneficio personal, el de su reducido grupo familiar, de amistades y seguidores o tal vez su cercano entorno de empresa, institución o negocios; dependiendo de lo amplia o estrecha de su perspectiva, olvidando que es parte de un sistema.

Las acciones de un líder deben ser ecológicas, entendiendo por ecológico no solo lo concerniente al cuidado y protección medio ambiente, sino a la sana interacción de sus acciones con individuos, ecosistemas sociales y otra multiplicidad de factores. Finalmente, los resultados y beneficios de ese esfuerzo de liderazgo deben ser permeables y llegar a seguidores, colaboradores y al sistema en general.

Enfocar esfuerzos de liderazgo solo basados en los resultados a corto plazo, perdiendo la perspectiva de su impacto a mediano y largo plazo, podría traer para el líder, seguidores y entorno, otras consecuencias y efectos futuros, que tal vez nunca justifiquen los logros alcanzados a corto plazo. Tengamos presente que el  liderazgo es un proceso dinámico que trae efectos tangibles e intangibles espaciados en el tiempo, por lo cual –más temprano que tarde- sus decisiones y acciones  afectarán la totalidad del sistema o sociedad, para bien o para mal.

Octubre 30, 2016.

MAT / LiderVoice

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