“La cualidad suprema del liderazgo es la integridad”
Dwight D. Eisenhower (1890- 1969) fue un militar y político que sirvió como el 34.º Presidente de los Estados Unidos de América entre 1953 y 1961. Graduado en West Point. Fue Presidente de la Universidad de Columbia. General de Cinco Estrellas del Ejército de los Estados Unidos.
Existe consenso que sitúa a Dwight Eisenhower como uno de los Presidentes de Estados Unidos de América mejor valorados, logrando una estima popular generalizada, tanto durante como después de su presidencia.
Definición de Integridad: La integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño. Se refiere a la entereza moral, rectitud y honradez en la conducta y en el comportamiento de un individuo, que no tiene mancha en su historial.
Referencias de Wikipedia / Fotografía tomada de la web (Wikimedia)
«Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».
Abraham Lincoln – Decimosexto Presidente de los Estados Unidos (1861-1865)
Posiblemente el mejor presidente estadounidense de todos los tiempos. Lideró el país durante la Guerra de Secesión, reunificó y preservó la unión, abolió la esclavitud, fortaleció el gobierno federal y modernizó la economía. Muchos de los derechos que hoy día disfrutamos son claros legados de este brillante estadista.
Referencias de: Wikipedia / Imagen de Wikimedia (8 de Enero de 1864)
En este momento en el cual algunos líderes y ciudadanos plantean un retorno a la actividad regular, en otras palabras, a abrir la actividad económica y laboral, así como activar la vida social y comunitaria, es vital que esos líderes comuniquen clara y precisamente los riesgos aún presentes en esta nueva etapa de apertura y flexibilización.
A toda costa, los líderes deben evitar expresar mensajes disonantes o que vayan en vías contrapuestas, y que eventualmente se opongan o contradigan unos mensajes a otros, porque ello llevaría a generar en seguidores y ciudadanos serias confusiones y dudas.
Líderes y ciudadanos debemos comprender que esta flexibilización es un proceso que requerirá tiempo; por lo cual, no se trata solo de minimizar la situación decretando que a partir de “mañana todo será normal”, y de la racional y necesaria flexibilización de las medidas en el tiempo, la población pase de inmediato al relajo total de las normas.
Es un hecho, y lo reconocen autoridades científicas y sanitarias a nivel mundial, que los riesgos aún están activos y vigentes, y así seguirán por algún tiempo, aún no precisamente determinado. Las personas mayores o con alto riesgo -debido a prexistencias de salud- lo recomendable es que permanezcan en casa. Igualmente, las actividades que pueden ser pospuestas para un futuro deben dejarse para un futuro, ajustando nuestras reales prioridades y teniendo presente que lo que está en juego son nuestras vidas. Tengamos presente que el riesgo es proporcional a la exposición, por lo cual “A mayor exposición o contactos mayor riesgo”.
Mensajes equivocados de “tranquilidad” por parte de los líderes, generarán una irreal e irracional sensación de “tranquilidad” y «confianza», haciendo que las personas más ignorantes pierdan la real dimensión del riesgo y comiencen a comportarse de manera absolutamente imprudente ante un virus muy peligroso.
Es un hecho que un mensaje equivocado -sesgado o light- por parte de los líderes, llevará a una percepción errónea de la situación actual en quienes los escuchan y -sobre todo- en quienes creen en ellos; lo cual, podría traer en breve tiempo una nueva ola de contagios o un rebote del virus, que podría ser más preocupante y complejo que la primera etapa de contagios, porque nos tomaría a todos agotados y con escasos recursos para enfrentarlo.
Los líderes, conscientes de su rol y responsabilidad, en esta segunda etapa de la crisis del CoronaVirus, deben dar ejemplo cumpliendo ellos las normas de flexibilización y estimulando, motivando y exigiendo el cumplimiento de estas por parte de las poblaciones y grupos que lideran, para garantizar que esta nueva etapa de flexibilización hacia la normalidad haga realidad el deseo de disminución y eliminación de los contagios, evitando mayores pérdidas humanas y económicas.
Es una película de ciencia ficción y suspenso producida por el cine español. Dos reclusos viviendo en cada nivel dentro de una celda de hormigón, sin rejas. En un edificio con un número desconocido de niveles, en el cual la ubicación de los reclusos en un determinado nivel puede mejorar o empeorar el nivel de vida de ellos
Una plataforma -tipo ascensor- que desciende -a través de un hoyo- con alimentos deteniéndose un tiempo fijo, pero breve en cada celda, para que los reclusos tomen el alimento.
Los reclusos de los niveles bajos solo tienen la oportunidad de comer los alimentos que les dejan los reclusos de los niveles superiores. Y nadie pueden acumular los alimentos, porque entonces la celda comienza a calentarse o enfriarse hasta niveles.
Una lucha inhumana por la supervivencia, pero también un llamado a la solidaridad humana. La trama de la película contiene una analogía ácida y explicita de crítica social.
Director: Galder Gaztelu-Urrutia
Actores: protagonizada por Iván Massagué, Antonia San Juan, Zorion Eguileor, Emilio Buale y Alexandra Masangkay.
Idioma: Español.
Premiaciones obtenidas: People’s Choice Award for Midnight Madness del Festival Internacional de Cine de Toronto; Mejor película en el Festival de Cine de Sitges, En la 34ª Edición de los Premios Goya 2020: Mejores Efectos Especiales, Mejor Dirección Novel y Mejor Guion Original.
Rotten Tomatoes, el reconocido sitio web estadounidense de revisión y reseñas de películas y series para cine y televisión, reportó que el 83% de los críticos le dieron a la película El Hoyo una crítica positiva.
Nota:es una película de fuertes, grotescas y violentas escenas, que, a pesar de su interesante mensaje, podría no ser recomendable para todos. Absolutamente No recomendable para menores de edad.
Los líderes a todos los niveles deben enfocarse y brindar toda su atención, esfuerzos y recursos en la lucha contra esta pandemia. Creo que cada vez más todos entendemos que es una lucha contra un enemigo real, desconocido y muy poderoso. Entonces, parece oportuno el momento para detener todas las luchas y enfrentamientos domésticos, locales, particulares, nacionales e internacionales, en temas políticos, económicos y religiosos, para dedicarnos a derrotar a ese enemigo antes de que nos haga más daño.
Las sociedades deben operar solo para cubrir los mínimos e indispensables requerimientos para sobrevivir, evitando riesgos innecesarios para su población, dejando a un lado o dosificando los intereses y preocupaciones en otros temas, que podríamos considerar superfluos o sin demasiada importancia para el momento.
Aunque estemos convencidos que algunos de éstos temas, por ejemplo, el económico nos traerá los problemas del mañana, pero es momento de priorizar, y la salud y vidas humanas deben ser lo primero.
Es vital que entendamos todos, que en este crítico momento, el enemigo es solo uno: El CoronaVirus. Por ello, todos los recursos y esfuerzos de liderazgos políticos, empresariales, sociales y religiosos deben ir dirigidos a derrotar ese poderoso enemigo. Todo el compromiso de la ciudadanía debe estar enfocado en cumplir y respectar estrictamente todas las normas legales exigidas y sanitarias recomendadas, ya que este rol como ciudadanos es punto vital en la detención del virus.
Creo que todos los proyectos que no vayan dirigidos a atacar el coronavirus o a luchar contra sus inmediatas consecuencias deben detenerse a la brevedad posible. Encontrar a una empresa “asfaltando calles”, cumpliendo con un proyecto- absurdo y sinsentido para este crítico momento, nos permite visualizar -sin ser pitonisas ni adivinos- que en muy poco tiempo esa alcaldía o gobierno local estará pidiendo recursos económicos para luchar contra el coronavirus, recursos que tal vez hoy día todavía se diluyen en temas irrelevantes.
Las redes sociales y sus líderes o influenciadores, sin ánimo causar pánico, pero si con el total interés de crear conciencia en sus lectores y seguidores deben enfocar sus palabras, vídeos, escritos y esfuerzos en todo lo que signifique luchar contra este enemigo, especialmente en crear conciencia acerca del importante rol de cada uno de nosotros en esta lucha. Ya es hora de parar en las redes esas otras luchas y discusiones reales o bizantinas sobre diferentes temas, verdaderos, artificiales, especulativos o plagados de interés, fútiles, inútiles o de poca importancia para este específico momento. No sigamos en las redes jugando al rol de “Los músicos del Titanic”, hagamos cosas distintas y enfoquemos nuestras energías en la vía correcta, para contribuir con la solución del problema.
Todo lo construido parece desmoronarse y desplomarse, para muchos ya las perdidas y ruinas están a la «vuelta de la esquina». Pero, sin duda que podremos recuperarnos, será cuestión de tiempo. Es una crisis real, no son “Noticias falsas” o “Fake News”. He referido en otros escritos, que muchas personas respaldando o apoyando otros puntos de vista, plantean que este virus tiene un bajo porcentaje de muertes, pero me pregunto, si esas personas pensarían lo mismo, cuando en ese “bajo o insignificante” porcentaje de fallecidos estuvieran incluidos algunos de sus seres queridos.
Definitivamente líderes y ciudadanos debemos aprender a leer con efectivo criterio los números y, en especial, las estadísticas, para evitar que se nos engañe. Como ejemplo, con relación a las estadísticas expresaba el dramaturgo y crítico irlandés George Bernard Shaw en una de sus geniales frases, que “La estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno”. Mientras, el poeta, matemático y físico chileno, Nicanor Parra, expresaba algo similar diciendo “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”.
Es un hecho, que, en esta crisis algunos líderes -tristemente- parece que han puesto su foco de atención y decisiones pensando en las repercusiones económicas por encima de las repercusiones o efectos en la salud y vidas humanas. Ello ha causado confusión en la población o en sus seguidores y ha disminuido las dimensiones del problema; en otras palabras, esos mensajes solo lograron que muchos “bajáramos la guardia” y metiéramos la cabeza en la tierra cuan avestruz.
El problema es que ahora vemos crecer -cuan monstruo- una crisis que pudo haber sido detenida a tiempo, tomando -en su momento- decisiones drásticas, firmes y por ende dolorosas, pero que nos hubiesen dirigido más pronto a una definitiva solución. Con el trascurrir del tiempo, sin decisiones firmes, los costos económicos de esta crisis serán cada vez más importantes y el efecto y daño de esta crisis se extenderá por meses y hasta años.
En un artículo anterior hice referencia a que «El aspecto clave y crítico del problema que representa el Coronavirus está inicialmente relacionado con la negación de la realidad de su existencia, de su potencial y terrorífico impacto y, en consecuencia, la lentitud en responder con la necesaria rapidez ante un fenómeno -en gran parte- desconocido y que avanza a gran velocidad».
Las palabras de la filósofo y escritora rusa-estadounidense Ayn Rand: “Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”, nos recuerdan que la realidad es la realidad y se hará presente de alguna manera, nos guste o no. Este virus es una realidad y lo tenemos entre nosotros, cuan «Caballo de Troya».
Para concluir retomo como referencia ese viejo dicho o refrán español que nos recomienda “Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”; sin embargo, estoy convencido que hemos venido viendo “las barbas de nuestro vecino arder” y aún nos negamos a “poner las nuestras en remojo”. Hoy día las nuestras ya están ardiendo y el trabajo de apagarlas será complejo, más aún en la medida que nuestros líderes no actúen con la firmeza y rapidez requerida para evitar que “ese fuego tome cada día más fuerza y continúe propagándose”.
¡Enfoquémonos! y luchemos todos unidos contra nuestro único enemigo: El CoronaVirus.
La crisis real y aún más potencial por la pandemia del CoronaVirus, parece un hecho que exige a los líderes, en todos sus entornos, sean políticos, de gobierno, corporativos, empresariales, institucionales, educacionales, religiosos y sociales, dirigir todos sus esfuerzos y los recursos a su disposición para atacar el problema que representa este virus.
Dividir o dispersar la atención, esfuerzos y acciones tratando de continuar llevando algunas actividades en sus respectivas áreas en “Situación Normal”, o como se dice en el argot o lenguaje de negocios: “Business as Usual” o simplemente en algún ilógico afán de cumplir con los “Proyectos” previamente establecidos, produce una falsa sensación de que “No está pasando nada”. Y la verdad es que si está pasando y mucho. Algunas actividades desenfocadas -con relación al momento y la circunstancia- podrían recordarnos a “Los Músicos del Titanic”, tocando mientras el barco se hundía.
Es absolutamente cierto que algunas actividades básicas deben continuar realizándose para que las cosas funcionen, principal y únicamente en aquellas actividades que podríamos considerar críticas para que el mundo continúe operando y las personas viviendo. Actividades o procesos que han venido funcionando con ciertas deficiencias durante algún tiempo, con seguridad podrán continuar “funcionando” algunos meses más, porque no parece oportuno dedicar tiempo y recursos en arreglarlas.
Igualmente, desgastarse buscando culpables al problema y dispersar -de esta manera- mente y corazón en temas distintos a resolver el problema, no hace ningún sensato ni racional sentido. En realidad, no sabremos ni cuantas temporadas ni cuantos capítulos tendrá esta pandemia del coronavirus. Así que debemos prepararnos, tal vez, para una larga batalla.
Es momento de tomar conciencia que todos somos uno, estamos en un mismo globo, y que de las acciones de unos dependerá el buen resultado para todos. En este momento -de ninguna manera- son válidas ni luchas políticas, ni batallas económicas, porque -en este caso- el enemigo es común para todos. No es válido “dedicarnos a pintar la pared, cuando se nos está cayendo el techo encima”, dediquémonos a salir de debajo del techo y/o a reparar el techo, cualquiera otra acción no es válida.
Tampoco es razonable disminuir o minimizar el riesgo, es necesario ser claros, sin generar pánico, porque parte de la solución está en cada uno de nosotros, y eso nos da cierto nivel de control, más allá de los esfuerzos que puedan hacer los gobiernos. Nuestro rol es reconocer el riesgo y -en consecuencia- respetar cuarentenas, distancias sociales, lavado de manos y otras medidas de precaución y previsión vitales para evitar que el virus continúe esparciéndose a sus anchas. No reconocer el riesgo es motivar a que bajemos la guardia.
Creo que muchas personas que intentaron «reducir» el pánico expresándose a través de las redes, minimizando el impacto y las consecuencias del virus al asociarlo a una simple gripe, hoy-por-hoy, deberían reconocer que el problema no era el pánico, sino que en verdad existe un enemigo pequeño y muy peligroso que ha puesto de cabeza al mundo. Y ante el cual, toda las sofisticada industria del armamento nada puede hacer. En todo caso, me atrevería a afirmar que una de las causas del desarrollo y crecimiento de este problema estaría más relacionado con la ignorancia e incredulidad que con el pánico.
Cuando alguien utilizó estadísticas -porque me imagino que nadie en su sano juicio lo haría ahora de la misma manera- para afirmar que el virus era una especie de gripe y que el porcentaje de muertes era muy bajo, me pregunté si ese número porcentual -traído de las estadísticas- tendría el mismo frio significado para alguien que pierda a un ser querido en esta tragedia. Y concluyo, afirmando también un rotundo: No.
Los líderes mundiales deben enfocarse y unir esfuerzos ante un enemigo común, olvidando diferencias, aunque sea de manera temporal. Mientras que los líderes corporativos, empresariales e institucionales deben reconocer su vital rol para dosificar o cambiar la forma en que operan sus actividades y negocios, contribuyendo de esa manera a evitar que más personas se contagien durante el transporte al lugar de trabajo o al estar en contacto en oficinas, áreas de trabajo o en áreas de atención al público.
Todos -líderes y ciudadanos- debemos ser firmes en considerar que nuestro único enemigo es ese minúsculo y literalmente invisible virus, y todos los esfuerzos individuales y colectivos deben ir dirigidos a evitar que continúe su propagación y a salvar el mayor número de vidas humanas. El auténtico liderazgo exigirá que los líderes enfoquen su mente y corazón en resolver esta pandemia lo antes posible, para lograr -sin dispersión alguna- que sus decisiones y acciones no se desvíen de ese objetivo.
Si bien es cierto que este artículo -al igual que el artículo anterior Parte I- trata de acciones y recomendaciones para un efectivo liderazgo relacionadas con el manejo de la pandemia del CoronaVirus, también es cierto, que muchas de estas recomendaciones son genéricas y aplicables para la efectiva gestión de liderazgo en cualquier entorno o circunstancia.
Un elemento clave de una auténtica gestión en cualquier tipo y ámbito de liderazgo es la proactividad, habilidad que permite al líder anticipar eventos, circunstancias, necesidades o problemas futuros, para decidir, actuar o accionar a tiempo, en lugar de esperar a que algo suceda y simplemente reaccionar.
Particularmente, considero que el esfuerzo en esta crisis debería dirigirse o enfocarse a evitar contagios y disminuir la propagación del virus. Creo que una segunda acción en prioridad, pero que se puede llevar en paralelo, es desarrollar y consolidar todos los aspectos relacionados con los servicios médicos y asistenciales dirigidos a atender a las personas que ya han contraído el virus.
Si el liderazgo no prioriza adecuadamente, enfocándose en evitar los contagios y disminuir así la eventual propagación del virus, llegará un momento en que se distorsionarán las prioridades, al crecer el número de contagiados, y no habrá otra opción que dirigir todos los recursos y esfuerzos a atender a las personas que contrajeron el virus para evitar muertes, abandonando la labor preventiva.
A través de la historia de la humanidad ha habido innumerables pandemias con terribles resultados, parte de estos resultados obedecieron a la escasa o inexistente información, los virus llegaron y tomaron por sorpresa a pueblos y sociedades, literalmente acabando con muchos de ellos.
En estos tiempos, por lo contrario, quizá con tanta información que nos abruma desde diferentes ángulos y perspectivas, corremos el riesgo de caer en la duda, escepticismo o incredulidad, para finalmente quedar desinformados. Hoy por hoy, la ciencia y la tecnología nos ofrecen alternativas y opciones para salir de esta crisis, quizá a mediano plazo, pero debemos apoyarlas con acciones proactivas de gobierno y personales, pero sobre todo desligarlas de otros intereses, impidiendo que no se desvirtúe su función.
Para los líderes contemporáneos está actual coyuntura no aparece en sus recetarios de gestión de gobierno, instituciones ni empresas. Es una experiencia novedosa que les exige dejar a un lado creencias, paradigmas, compromisos políticos y económicos, porque está en juego la viabilidad del sistema. La globalización sabemos que tiene muchos lados oscuros, pero con este globalizado virus, debemos reconocer que el mismo no se ha restringido o limitado a un continente, a una raza, a una religión, a un clase económica o social, porque ya sabemos que todos podemos ser víctimas, sin ninguna discriminación.
Entonces, la tarea de los líderes es priorizar y enfocarse para tomar decisiones y acciones que resuelvan los efectos o consecuencias de la enfermedad, pero sobre todo deben enfocarse en cortar todas las opciones de propagación o expansión del virus. El adecuado uso del tiempo, evitando desvíos, perdidas de foco y autoengaños, permitirá a los líderes optimizar sus opciones de decisión y acción.
Una palabra en inglés: “Timing”, sin exacta traducción en español, porque significaría para efectos de este artículo “la toma de decisiones y acciones en el momento correcto, exacto u oportuno”; es decir, en aquel momento clave para encontrar soluciones proactivas y reactivas a tiempo. Requeriremos de los líderes la habilidad y sabio criterio para decidir y accionar en el momento óptimo o correcto, y ese momento parece ser ahora mismo.
Un auténtico líder debe comprender que el ambiente o entorno en el cual ejerce su liderazgo representa un todo integral, que no puede ser aislado ni dividido en sus partes, porque en ese entorno los diferentes elementos y componentes se combinan, equilibrándose, compensándose y complementándose como condición básica para que el sistema alcance y conserve la armonía y balance requerido para sobrevivir.
Igualmente, el líder debe comprender que existe una interrelación de causa-efecto entre todos los diferentes componentes del sistema, y que ello implica que al tomar decisiones -y las correspondientes acciones- en un aspecto estarán afectando o impactando -para bien o para mal- otras áreas del sistema.
Para concluir, la idea y objetivo básico es evitar que el virus y sus consecuencias continúen propagándose; y ello, exige unir esfuerzos en una causa común, liderizados por la vital toma de conciencia por parte de todos los ciudadanos, quienes deben comprender las dimensiones y riesgos de esta crisis; pero con seguridad se requerirá por parte de los gobiernos mundiales la implantación de medidas inusuales, drásticas, coercitivas, represivas o impopulares, alejadas de compromisos personales, de negocios o partidistas, para el efectivo liderazgo con el cual debemos afrontar esta crisis.
El aspecto clave y crítico del problema que representa el Coronavirus está inicialmente relacionado con la negación de la realidad de su existencia, de su potencial y terrorífico impacto y, en consecuencia, la lentitud en responder con la necesaria rapidez ante un fenómeno -en gran parte- desconocido y que avanza a gran velocidad. Las palabras de la filósofo y escritora rusa-estadounidense Ayn Rand: “Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”, nos recuerdan que la realidad es la realidad y se hará presente de alguna manera, nos guste o no.
“La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece”, expresaba -por su parte- el escritor y novelista estadounidense Philip K. Dick. Los líderes deben entender y comprender que en algún momento la realidad los atrapará, sea esta o no de su agrado; por ello, desconocerla, negarla, disminuirla, desvirtuarla o sesgarla solo permitirá que sus consecuencias crezcan y se vayan de las manos, tomando inmanejables y costosas dimensiones.
Los líderes deben hacer el mejor de los esfuerzos para reconocer los problemas o conflictos reales o potenciales a fin de resolverlos, a tiempo, porque al hacer lo contrario solo los estarán incubando. Negar la realidad le roba al liderazgo valioso tiempo, quizá irrecuperable más adelante. En momentos de crisis, de ninguna manera los líderes deben perder tiempo buscando culpables, todo el esfuerzo y recursos debe estar dirigido a la efectiva coordinación de actividades y acciones para la solución del problema.
Estamos de acuerdo en reconocer que no siempre es fácil comprender ni definir la realidad, más aún cuando nos enfrentamos a un inusual problema o situación, pero es un hecho que el adecuado y efectivo diagnóstico de la situación es vital para prescribir las soluciones requeridas. Un inadecuado diagnóstico de la realidad, basado en suposiciones o salvaguardando personales intereses, con toda seguridad guiará al líder a una inadecuada escogencia de soluciones.
Reconocemos, igualmente, que el poder y la soberbia son factores que inciden en la distorsión de la realidad por parte de los líderes. El poder inadecuadamente manejado tiende a desvirtuar la realidad, por ello es normal que un individuo con posiciones de liderazgo y poder construya su propia versión de la realidad y se convenza de que es real. Adicionalmente, se rodeará solo de aquellos individuos que le aplauden esa versión de la realidad, lo cual lo hará distorsionar la ruta y tomar un camino libre de supuestos detractores de sus ideas.
Es un hecho, tal como lo planteó el filósofo y escritor español José Ortega Y Gasset que “Hay tantas realidades como puntos de vista”. Sin embargo, a los resultados o consecuencias de la realidad pueden alterarla o cambiarla, para bien o para mal, las decisiones y acciones que se tomen en un momento determinado. Muchos problemas adecuadamente atendidos a tiempo perderán su potencia e impacto.
Ratificamos que “Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho” tal cual decía el escritor y bioquímico estadounidense Isaac Asimov. Hay realidades que más temprano que tarde debemos enfrentar, y entre más tiempo transcurra podría ser peor. Un milenario proverbio chino nos invita a “Excavar el pozo antes de que tengamos sed”.
Muchas verdades o posibles verdades exigen al líder que su pensamiento tenga la necesaria amplitud para escuchar y entender diferentes perspectivas y puntos de vista, incluyendo aquellos que le afectan o –simplemente – le desagradan. No obstante, en oportunidades, lo que ocurre es que el líder terminará escuchando solo lo que quiere oír y observando solo lo que quiere ver, desechando todo lo demás. Es común, como seres humanos, que las percepciones sean distorsionadas por nuestras creencias y paradigmas.
Otro aspecto importante por considerar es que el líder, en este tipo de casos tan complejos y alejados de la dinámica normal, debe buscar apoyo y recomendación de expertos, que no necesariamente los va a encontrar entre sus fieles o fanáticos seguidores. La idea es escuchar a esos expertos y tomar ideas y planteamientos, analizadas desde diferentes ángulos y perspectivas, que den soporte racional y lógico a sus próximas decisiones y acciones.
La evolución de esta enfermedad brinda la oportunidad a los líderes de observar lo ocurrido en otros lugares. Y tomar decisiones y acciones distintas, para evitar cometer los mismos errores y enfrentar similares consecuencias. Un antiguo dicho español cuyo origen se remonta al siglo XV, recomienda que “Cuando ves las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”. El líder debe aprender de las experiencias ajenas, sin dedicarse a negar similitudes ni a justificar diferencias.
De la calidad de sus decisiones y acciones, y de la relación de éstas con la realidad del problema o situación dependerá que se logren los mejores y más armónicos resultados para bienestar de todos. En este caso particular, la historia recordará a los actuales líderes por el éxito o fracaso de sus decisiones y acciones.
Tomé como referencia, para desarrollar este artículo, la célebre y genial frase del dramaturgo irlandés George Bernard Shaw. La referida frase expresa satíricamente la razón por la cual los ocupantes de cargos políticos –a cualquier nivel- deben tener un tiempo limitado en su gestión de gobierno. Hago la aclaratoria cargos políticos de gobierno, refiriéndome a aquellos cargos cuyo ocupante fue elegido en una votación nacional, regional o local.
La idea de no perpetuarse en el poder, tradicionalmente, ha sido asociada con evitar que ello ocurra en las presidencias de países; no obstante, debería ser un criterio de aplicación universal para todas las posiciones políticas electas de gobierno. Los mandatos o períodos de gobierno en los diferentes niveles políticos de gobierno fluctúan -regularmente- entre dos años y seis años. Y la lógica indicaría que el límite debería ser un máximo de dos períodos continuos para todo tipo de cargo político de gobierno. Personalmente, me inclino porque el período debería ser de cuatro años en todas las posiciones, para que ello dé tiempo al candidato elegido para concretar proyectos sin deteriorar su contribución al logro. Continuar leyendo “Los políticos son como los pañales, deben ser cambiados con frecuencia y por la misma razón”. George Bernard Shaw (1856-1950) Dramaturgo, crítico y polemista irlandés.