Un sistema de gobierno tiende a la autocracia cuando paulatina o gradualmente el poder se va concentrando en una sola persona, cuya voluntad y particulares intereses son su única guía, dejando a un lado el bienestar y los intereses del resto de la sociedad.
Los gobiernos autocráticos pueden asumir el poder por medio de un golpe de estado o a través de elecciones democráticas y, posteriormente, el líder elegido se va transformando, hasta dejar al descubierto su verdadera cara autocrática y dictatorial.
Esta historia es un cuento de hadas danés escrito por Hans Christian Andersen y publicado en 1837.
Hace muchos años vivía un Emperador que era moderado y prudente en casi todo, excepto en una cosa: era aficionado a los trajes nuevos y se preocupaba mucho por su vestuario. A la ciudad llegaron dos estafadores que se hacían pasar por tejedores, garantizando que sabían tejer las más hermosas, suaves y delicadas telas.
Nuestras prendas, afirmaban los estafadores, tenían la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o persona incapaz para su cargo. Por supuesto, en realidad no había ninguna prenda, sino que los pícaros hacían que trabajaban en la ropa, quedándose con los valiosos materiales y el dinero que solicitaban como anticipo para tal fin.
Es osado de mi parte intentar tratar, en algunos breves párrafos, este amplio, multivariable, complejo, arraigado y controvertido tema; pero consideré la importancia de hacerlo, para contribuir a aclararlo, aunque con seguridad en muchos de los puntos -apenas mencionados o brevemente tratados- quedarán innumerables espacios para escribir sobre las múltiples aristas de este tema.
Igualmente, para no desvirtuar la importancia vital de este tema vital para la anhelada paz social, me gustaría dejar claro -desde estos primeros párrafos- que este artículo tiene un contenido enfocado hacia una realidad social, que debe ser concientizado para poder ser resuelto desde sus raíces, y que no conlleva ningún sesgo hacia una determinada tendencia política.
Comencemos por aclarar que la empatía es una palabra que nos describe como reales y auténticos seres humanos. Un individuo sin capacidad de ser empático es difícil de ubicar -inclusive- como ser vivo, debido a que, hasta en el reino animal, muchos individuos o especies -controlando sus instintos- dan claras muestras de empatía.
La empatía podemos describirla como la genuina intención de un individuo por comprender y solidarizarse con los sentimientos y emociones de los demás, poniéndose -literalmente- en los zapatos de ellos, lo cual requiere una auténtica comprensión de su dolor y sufrimiento; y motiva el deseo de apoyar y ayudar.
Dar pasitos para adelante y pasitos para atrás, aplica con sobrada razón al acto de bailar, sin esta secuencia de pasos no sería posible lograrlo. Sin embargo, en liderazgo, durante situaciones de problema, tal conducta es absolutamente riesgosa, debido a que solo permitirá a los problemas crecer, consolidarse, desarrollarse y avanzar, mientras permanecemos -literalmente- sin movernos del sitio original, ya que avanzamos algo y retrocedemos, ese mismo algo o quizá más.
En muchas oportunidades el liderazgo, erróneamente, pretende “estar bien con Dios y con el diablo”, tomando erráticas decisiones y acciones. Ello lleva a “avanzar” hacia un lugar incierto, desde el cual es muy probable que debamos dar marcha atrás, dejando una sensación de improvisación y caótica gestión, mientas se despilfarra valioso e irrecuperable tiempo.
Los líderes políticos con clara visión de futuro y convicción de la imperiosa necesidad de realizar cambios, reformas y mejoras en la sociedad, que no sean solo ajustes superficiales o cosméticos, sino profundos en su análisis y contenido, y que conlleven transformaciones en las leyes y prácticas tradicionales del sistema, tienen ante si una difícil y compleja tarea.
La razón para considerar que está es una tarea o reto difícil y complejo para el liderazgo obedece a que los cambios, reformas, mejoras y transformaciones que se plantean alteran de una o muchas formas el statu quo y la dinámica del sistema y sus subsistemas. Esta alteración significa sacar del nivel de confort a aquellos para los cuales la forma en que ha funcionado y funciona el sistema les ha traído resultados y beneficios; por tanto, están convencidos que, al dejarlos igual, quizá solo con algún cambio cosmético, les seguirá trayendo beneficios. Con seguridad, muchos de ellos no tengan conciencia que conservar beneficios únicamente para algunos, podría solo ser sostenible y viable en el corto plazo o cuando más a mediano plazo, porque más temprano que tarde el sistema colapsará.
En democracia los ciudadanos deberíamos tener garantizada la libertad de expresarnos, sin que nuestras opiniones y argumentos sean criticados únicamente desde una perspectiva fanático-ideológica.
Sin embargo, lo que ocurre es que estamos perdiendo -cada vez- a mayor velocidad la posibilidad de expresar libremente nuestros puntos de vista, lo cual limita nuestra opinión sobre los diversos temas sociales, económicos, educativos, de salud, laborales, de justicia, culturales, científicos, religiosos y cualquiera otro, que nos impactan positiva o negativamente a todos y a las comunidades locales, regionales y mundiales a las cuales pertenecemos, porque apenas nos atrevemos a expresar nuestro sentir u opinión, somos juzgados, criticados y descalificados junto a nuestras opiniones y argumentos desde una perspectiva o punto de vista puramente ideológico y -en muchos casos- hasta cargado de fanatismo.
Muchas «democracias» se han mantenido por años -literalmente- «guindando», soportadas básicamente en la ignorancia de los pueblos. Pero la ignorancia, para estos efectos, es un arma de doble filo, como puede «cortar» para un lado, puede también hacerlo para el otro. Ello ocurre cuando un sociedad con un «sistema democrático» la vemos «de repente» transitando hacia otro extremo político.
El caso es que un individuo que es fácilmente manipulable por una determinada corriente política o por un liderazgo basado en emociones, entre ellas el miedo y la ira, será fácilmente manipulable por cualquiera otra corriente que explote lo mismo, desde la acera de enfrente. En este individuo la ignorancia y la emocionalidad hacen estragos en su capacidad de decisión, donde la racionalidad y la conciencia son dos grandes ausentes.
Esa es la razón por la cual el sistema social debe formar ciudadanos instruidos, educados y críticos, quiero decir adecuadamente informados y conscientes de lo que ocurre en su entorno cercano y en el mundo, así como claros en sus compromisos, deberes y derechos. En otras palabras, un individuo capaz de criticar o defender con válidos argumentos sus puntos de vista.
Tengamos presente que no es viable o no será sustentable en el tiempo una democracia donde los ciudadanos sean individuos ignorantes, apáticos e inconscientes. La razón para esta afirmación es que este tipo de individuo no da equilibrio al sistema, ya que es una pieza movible y manipulable a discreción del líder o partido político de turno. Sin ese equilibrio de los ciudadanos el sistema tiene a desbalancearse haciéndose cada vez menos armónico.
En un mundo tecnológico y cargado de datos e información es vital filtrarlos y verificarlos, para determinar la veracidad o no de los mismos, antes de creerlos y transmitirlos a otras personas. Sin lugar a duda, que esta responsabilidad está en nuestras manos. Podemos convencernos de una mentira y ser parte del problema al compartirla en las redes, sin haberla verificado previamente.
En otras palabras, así como es posible recibir información falsa, también la misma tecnología nos permite verificarla de fácil manera. Podemos buscar en diversas y serias fuentes opciones de verificación. Entonces, parece no haber escape a nuestra importante cuota de responsabilidad para con nosotros mismos y para con los demás.
Es un hecho que, tal cual, deterioramos nuestra salud física alimentándonos de manera inadecuada o deficiente; también deterioramos nuestra salud mental, emocional y espiritual cargándonos o saturándonos de información irrelevante, innecesaria, inútil, manipulada, desvirtuada, sesgada o de pésima calidad. Peor aún si pretendemos aplicar similar dosis a nuestros amigos reales y virtuales intoxicándolos con esa basura.
Es necesario que evitemos reaccionar ante una información o noticia, tomando –para ello- el tiempo requerido a fin de verificar la información antes de hacernos eco de esta. Muchas noticias, más allá, de lo ciertas que puedan ser solo contribuyen a crear nerviosismo, angustia o agravar un problema, sin aportar nada bueno; por tal razón, no debemos sumarnos a la campaña de caos o de la crítica desmedida, detrás de las cuales con seguridad existen intereses que desconocemos.
Innumerables noticias de prensa, medios e intereses amarillistas, lejos ayudar a un mundo mejor contribuyen al caos, angustia y desconfianza. Detrás de esa información falsa, desvirtuada, medias verdades y siempre dañina, existen diversos, variados y oscuros intereses.
Es válido ratificar que el lenguaje no es inocente, las palabras tienen alguna razón de ser y crean realidades, para bien o para mal, ciertas o falsas. Al convertirnos en eco de información no verificada podemos contribuir a diseminar información de dudosa fuente y razón. Estimo que más de un 98% de la información que recibimos no ha sido verificada por quien nos la hizo llegar, entonces hagamos la tarea nosotros, antes de creerla y de transmitirla.
Los seres humanos a pesar de lo racionales que creemos ser, en ocasiones actuamos de manera irracional. Muchos individuos u organizaciones promotores de falsa información están convencidos de nuestra irracionalidad y, seguros, que ello nos llevará a reaccionar sin verificar y convertirnos en parte de su equipo de promoción de información desvirtuada, falsa y negativa.
En las redes circula mucha información de todo tipo, cierta y falsa. Hace algún tiempo, una historia famosa reportada en BBC –Mundo fue la referente a la niña de seis años Charly Johns quien luchaba contra el cáncer, y su madre Anna reportó a través de las redes sus avances por dos años, hasta que anunció que la niña, finalmente, perdió la batalla contra la enfermedad. La verdad descubierta más adelante fue que ni Charly ni Anna existían, porque simplemente fueron invento de una adolescente.
Muchas personas -entre las cuales encontramos a algunos amigos reales o virtuales- retransmiten información no verificada o de la cual incluso tienen dudas de su veracidad, pero la razón para transmitirla es que esa información está en línea con su manera de pensar o interés acerca de algún particular tema, por ello, irresponsable o manipuladoramente la comparten.
Recuerdo que una vez reclamé a una amiga virtual haber compartido la portada de una revista, que hacía referencia a la ostentosa casa de un político, quise verificar la información utilizando el número y la fecha de la edición, para lo cual procedí a buscar la portada en la página web de la revista, encontrando que en ese número realmente aparecía la casa, pero era de un futbolista cuya foto y titular habían sido cambiados por los del político. Le hice el reclamo a mi amiga y me dijo que no le importaba, porque lo que deseaba era dar mala publicidad al político. Por supuesto, la bloqué a ella de todas mis redes. Hacer montajes hoy día es fácil, no seamos cómplices de oscuros intereses.
La información que compartimos demuestra nuestro nivel de conocimiento o nuestra ignorancia, acertadamente el músico irlandés y activista político Bono afirma «Cuanto menos sabes, más crees». Podemos ser tontos útiles y para evitarlo debemos ser responsables y honestos en el manejo de nuestras redes sociales, garantizando la veracidad de las noticias y la seriedad de la fuente, hasta en aquella información que parezca nada dañina, es nuestro compromiso de conciencia ciudadana.
Un claro y simple mensaje de sabiduría milenaria nos deja ver a través de un sencillo ejemplo, la importancia de planificar y actuar a tiempo, anticipando necesidades para satisfacerlas en su oportuno momento y previendo potenciales eventos de riesgo para buscar soluciones a tiempo.
El líder debe tener claro que si iniciamos la excavación del pozo cuando ya tenemos sed, terminaremos muriendo sedientos, sin haberlo lograrlo.
Se dice que cuando la oportunidad llega ya es algo tarde para prepararnos y, que, por lo contrario, la suerte sonríe a quien encuentra adecuadamente preparado. En realidad, no es cuestión de suerte es cuestión de visión, proactividad, prioridad, enfoque, preparación y esfuerzo.
Permitir que nos consuman las urgencias y emergencias, dedicándonos solo a “apagar incendios” nos hará desviarnos de lo realmente importante, desperdiciando inútilmente tiempo y otros recursos. Equilibrar lo urgente y lo importante es una habilidad vital del líder para liderizar con sentido, evitar problemas y construir futuro.
Debemos estar claros que lo que logramos en el presente es directa consecuencia de las decisiones y acciones que hemos tomado en algún momento del pasado, lejano o reciente, basados en nuestra forma de pensar, que a su vez se sostiene en nuestras creencias y paradigmas. Y que recogeremos en el futuro la cosecha de lo que estamos sembrando hoy. El líder condenaría a sus seguidores y deterioraría su gestión, sí pretende resolver los problemas solo en la medida que éstos vayan surgiendo.
Entonces, el líder debe establecer a tiempo objetivos y prioridades del proyecto que lideriza, escogiendo con adecuado criterio las mejores alternativas y opciones para alcanzarlos, definiendo y cuantificando los recursos a utilizar y procurando siempre la satisfacción de las necesidades y sueños de sus seguidores.
El mensaje de este metafórico proverbio, es que el líder debe escoger con sabiduría el lugar donde excavar el pozo y determinar el momento adecuado para hacerlo, siempre antes de que aparezca la sed y nos consuma el agotamiento.