Un ciudadano instruido, educado y crítico es condición vital para consolidar una sociedad democrática. Miguel A. Terán

Muchas “democracias” se han mantenido por años -literalmente- “guindando”, soportadas básicamente en la ignorancia de los pueblos. Pero la ignorancia, para estos efectos, es un arma de doble filo, como puede “cortar” para un lado, puede también hacerlo para el otro. Ello ocurre cuando un sociedad con un “sistema democrático” la vemos “de repente” transitando hacia otro extremo político.

El caso es que un individuo que es fácilmente manipulable por una determinada corriente política o por un liderazgo basado en emociones, entre ellas el miedo y la ira, será fácilmente manipulable por cualquiera otra corriente que explote lo mismo, desde la acera de enfrente. En este individuo la ignorancia y la emocionalidad hacen estragos en su capacidad de decisión, donde la racionalidad y la conciencia son dos grandes ausentes.

lidervoice-logoEsa es la razón por la cual el sistema social debe formar ciudadanos instruidos, educados y críticos, quiero decir adecuadamente informados y conscientes de lo que ocurre en su entorno cercano y en el mundo, así como claros en sus compromisos, deberes y derechos. En otras palabras, un individuo capaz de criticar o defender con válidos argumentos sus puntos de vista.

Tengamos presente que no es viable o no será sustentable en el tiempo una democracia donde los ciudadanos sean individuos ignorantes, apáticos e inconscientes. La razón para esta afirmación es que este tipo de individuo no da equilibrio al sistema, ya que es una pieza movible y manipulable a discreción del líder o partido político de turno. Sin ese equilibrio de los ciudadanos el sistema tiene a desbalancearse haciéndose cada vez menos armónico.

Expresaba el Libertador Simón Bolívar que “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, expresión que no dejado de tener razón y la historia ha demostrado como los pueblos ignorantes son atrapados por gobernantes y falsos líderes que los hacen caminar por oscuros senderos.

Es un hecho que nuestro mundo llega hasta donde podemos entenderlo, describirlo y explicarlo con nuestro lenguaje, de allí la importancia de un lenguaje rico en contenidos, información y conocimientos variados, pero profundo en los temas críticos, que nos transforme en individuos reflexivos y conscientes, con capacidad de expandir continuamente nuestros horizontes y perspectivas de vida.

Decía  la religiosa mexicana Juana Inés de la Cruz  “No estudio por saber más, sino por ignorar menos”. Otra religiosa, mística y escritora española Santa Teresa de Jesús, decía  “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”.

El hábito de la lectura que enriquece, invitando al análisis y reflexión, permitirá al ciudadano entender nuevas y diferentes perspectivas y puntos de vista, al dar sustento teórico y explicación a sus experiencias.  Para quienes no creen en la importancia de comprender la teoría antes de la práctica,  el psicólogo alemán Kurt Lewin afirmó que «No hay nada más práctico que una buena teoría». Mientras el filósofo griego Sócrates consideraba que: «Solo hay un bien: el conocimiento; y solo hay un mal: la ignorancia».

Es un hecho –a través de los tiempos- que la lectura junto a la reflexión y conocimiento que ésta puede proveer, ha sido tradicionalmente atrapada o secuestrada por algunos como herramienta para dominar a otros. Se reconoce que conocimiento es poder, y es ello es una realidad.

Esto queda demostrado cuando algún grupo de una corriente política, que podemos considerar extrema, de derecha o izquierda,  toma las riendas de alguna nación o pueblo, el primer objetivo es “poner mano” en la educación. La razón es simple, la educación es la mejor herramienta para adoctrinar y dominar en el mediano y largo plazo. Sin embargo, lo cierto es que todo sistema social adoctrina, y los sistemas más democráticos también lo hacen. Es un hecho que los sistemas deben reproducirse para  sobrevivir, consolidarse y crecer, y la lectura de temas escogidos por un particular sistema,  son requisitos para que la fórmula de dominio funcione. Aunque la diferencia es que en una auténtica democracia esta fórmula debe expandir mentes, nunca limitar.

Ratificamos que la ignorancia hace malas jugadas, traiciona a quien la siembra, por ello muchos sistemas sociales al mantener a su pueblo ignorante, lo están dejando expuesto a que otros grupos, sus opositores, puedan también convencer con mejores palabras o engañosas ofertas a un pueblo ignorante, volteando la jugada. Aquí volvería a aplicar la sabía frase de Simón Bolívar que mencionamos líneas atrás “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

Lo paradójico es que nuestras sociedades estimulan la urgencia, rapidez y la superficialidad, acostumbrándonos a la superficialidad. Entonces, por esa falta de teorías y conceptos, pretendemos resolver temas con la sola experiencia, haciendo lo mismo todo el tiempo y esperando resultados distintos. Estamos rodeados de datos, información y conocimiento, pero podemos permanecer en la más absoluta ignorancia al no poderlos comprender.

Leer en definitiva contribuye a hacernos libres, abriéndonos caminos y perspectivas. Pero tengamos muy presente que leer también es un riesgo, porque hoy día estamos rodeados de lectura de todo tipo, mucha de la cual podríamos considerar como “chatarra” o “basura”.  Además, de cantidades de información sesgada o manipulada, por oscuros intereses. Requerimos tener racional criterio para escoger  lecturas que de verdad nos nutran.

Leer de todo es no leer nada, es una forma de enloquecer. El otro extremo, leer poco también es un riesgo, al respecto  el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno planteaba que  “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”, porque al leer poco, podemos quedarnos con un punto de vista sesgado o una perspectiva miope o de poca profundidad sobre un tema.

En conclusión, como líderes y ciudadanos, si queremos conservar la democracia, será necesario leer para informarnos e instruirnos, reflexionar acerca de lo leído, intercambiar opiniones sin fanatismo, ampliando nuestros criterios, modificando creencias, paradigmas y elementos de juicio, y así poder comprender lo que ocurre en nuestro mundo, convirtiéndonos en ciudadanos conscientes y comprometidos con los principios humanos y los valores de una sociedad verdaderamente democrática.

Publicado por

Miguel A. Terán

Psicólogo especialista en Desarrollo de Organizaciones, Coach Certificado, Diplomado en PNL y Psicología Positiva, Certificado en Gestión de Recursos Humanos. Ha ejercido cargos de gerencia y dirección regional en el área de latino-américa, para importantes empresas (PwC-PricewaterhouseCoopers, GSK-GlaxoSmithKline, Quaker Oats Company, entre otras). Profesor universitario (UCV), Coach Organizacional, Profesional, de Vida y de Negocios, Escritor, Orador, Entrenador e Instructor en Programas de Formación y Desarrollo Ejecutivo, Gerencial y de Liderazgo.

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