El líder requiere comprender el impacto de su gestión no solo a corto plazo sino también a largo plazo. Miguel A. Terán

En sociedades donde se valora exageradamente la urgencia, la velocidad y los atajos; considerar el equilibrio y la paciencia como opciones de liderazgo, parecería  “Remar contra la corriente”; sin embargo, esas dos características –equilibrio y paciencia- permiten el necesario tiempo de análisis, reflexión y valoración, y son vitales para evitar que el líder tome decisiones y acciones cargadas de emocionalidad y escasa racionalidad. Sigue leyendo

Un ciudadano bien educado y formado escogerá mejor a sus líderes. Miguel A. Terán

Por lo contrario, un ciudadano ignorante, será inconsciente de lo que ocurre y de las razones por las cuales ocurre lo que ocurre. Igualmente, será fácil presa de un liderazgo oportunista y mediocre, mientras no esté preparado ni sea consciente de su poder para elegir al líder más capacitado; así como, para exigir resultados al elegido.

Uno de los riesgos adicionales, es que con el tiempo y nuestros errores al elegir los líderes políticos,  y luego al sentir y vivir las consecuencias de tales errores, los ciudadanos vamos llenándonos de desesperanza, lo que nos llevará a continuar errando. Sigue leyendo

El líder político debe garantizar el armónico funcionamiento de los sistemas político, económico y social. Miguel A. Terán

El filósofo griego Platón consideraba que “El Estado es el único capaz de armonizar y dar consistencia a las virtudes individuales”, logrando así el mayor beneficio y provecho para la sociedad en su conjunto. Para ello, el Estado debe cumplir su vital rol normativo y regulador, a fin de hacer realidad el requerido balance y equilibrio entre las partes dinámicas que lo componen.

El Estado posee la autoridad y poder público delegados por los ciudadanos, ejecutables a través de un orden jurídico-legal que permite regular y optimizar la conducta de los integrantes de la sociedad, garantizando el efectivo balance y equilibrio requerido para la convivencia armónica entre sus integrantes y partes,  en búsqueda del bien común.

Para alcanzar lo anterior –decía Platón- es necesario que lo filosófico y político  marchen juntos y que el Estado tenga un  fin moral y educativo, dirigido a garantizar la supervivencia de la sociedad y de la cultura. El líder debe esforzarse y asignar los recursos necesarios para sacar de la ignorancia a los ciudadanos, a fin de que cada uno de ellos comprenda y tome conciencia de la importancia de su rol,  desde una perspectiva holística, considerando las múltiples variables e interacciones. Que el ciudadano comprenda que su actitud, decisiones y acciones, pasivas o activas,  impactan a la sociedad en su conjunto y se le devolverán como un bumerán, para bien o para mal.

Las regulaciones y normas no deben estar basadas en controlar la “maldad” de algunos, porque “No existen hombres malos, sino ignorantes”, decía Sócrates, haciendo referencia a lo ético. Para él, “el hombre bueno no es solamente el buen hombre, sino el buen ciudadano”.  Con similar juego de palabras,  referí tiempo atrás en una reflexión que escribí para mi blog, con motivo del Día del Padre, lo expresado por un autor anónimo: “Padres buenos hay muchos; buenos padres, hay pocos. No es difícil ser un padre bueno; en cambio, no hay nada más difícil que ser un buen padre”.

El líder político –como buen padre y buen ciudadano- tiene la responsabilidad de velar por el sano balance entre los intereses y necesidades individuales y los intereses y necesidades colectivos, para lograr el efectivo y acompasado funcionamiento de los sistemas político, económico y social.

El Estado debe asegurar a través del gobierno, que es su principal instancia, la necesaria armonía entre las partes que lo conforman, la gente, el territorio, la sociedad, la política y la economía, incluyendo las relaciones con otros estados. Independientemente,  de la orientación ideológica y filosófica del líder o del liderazgo de turno, se requiere enfocar los recursos y esfuerzos para lograr el efectivo funcionamiento de las instituciones que administran, coordinan, controlan y regulan el Estado como un todo.

En resumen,  el Estado a través de su poder, recursos, instituciones y mecanismos debe garantizar como objetivo supremo el bienestar de todos y cada uno de los integrantes de la sociedad, así como la estabilidad de todos los componentes del entorno, para lo cual requerirá estimular las iniciativas individuales y colectivas,  a la vez que establece claras regulaciones y normativas para su adecuado, balanceado y óptimo uso y funcionamiento.