El líder requiere comprender el impacto de su gestión no solo a corto plazo sino también a largo plazo. Miguel A. Terán

En sociedades donde se valora exageradamente la urgencia, la velocidad y los atajos; considerar el equilibrio y la paciencia como opciones de liderazgo, parecería  “Remar contra la corriente”; sin embargo, esas dos características –equilibrio y paciencia- permiten el necesario tiempo de análisis, reflexión y valoración, y son vitales para evitar que el líder tome decisiones y acciones cargadas de emocionalidad y escasa racionalidad.

Uno de los elementos clave de la racionalidad es el tiempo, ser racionales requiere tiempo para madurar decisiones y acciones; más aún, es condición vital, cuando el impacto y consecuencias de esas decisiones y acciones  podría ser recurrente y permanente en el futuro. Es innegable que las circunstancias del hoy son resultado de decisiones y acciones del ayer, para bien y para mal; y también,  es seguro que muchos de los problemas que vivimos hoy día tienen como consecuencia directa o indirecta  aquellas decisiones y acciones tomadas sin considerar todas las variables y procesos en juego y, tal vez, bajo la implacable presión por decidir y resolver.

Esa presión por resultados visibles e inmediatos hace que caigamos en “la trampa del cortoplacismo”, cuando enfocados en conseguir resultados a corto plazo, nos olvidamos de sus efectos a largo plazo. Desgraciadamente, el líder en su afán o prisa por “consolidar” su imagen y liderazgo, también es víctima de las urgencias y el corto plazo. Lo peor es que el líder, no se afecta solo a sí mismo, sino que arrastra con sus errores a sus seguidores, los proyectos y al sistema que lidera.

Debemos reconocer que es muy fácil caer en el error de confundir lo urgente con lo importante, cuando no hemos tomado el tiempo requerido para definir adecuadamente las prioridades a corto, mediano y largo plazo. Igualmente, cuando no hemos analizado  y reflexionado sobre las variables, interacciones y circunstancias en juego.

Entonces, el líder más que nadie debe utilizar el tiempo requerido para evitar decisiones emocionales e impulsivas a corto plazo, tomando ese tiempo para garantizar mejores resultados de su gestión en el largo plazo.

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