LIDERAZGO: EL COMPLICADO RETO DE LOGRAR LOS CAMBIOS Y TRANSFORMACIONES QUE REQUIEREN LAS SOCIEDADES. Miguel A. Terán

Los líderes políticos con clara visión de futuro y convicción de la imperiosa necesidad de realizar cambios, reformas y mejoras en la sociedad, que no sean solo ajustes superficiales o cosméticos, sino profundos en su análisis y contenido, y que conlleven transformaciones en las leyes y prácticas tradicionales del sistema, tienen ante si una difícil y compleja tarea.

La razón para considerar que está es una tarea o reto difícil y complejo para el liderazgo obedece a que los cambios, reformas, mejoras y transformaciones que se plantean alteran de una o muchas formas el statu quo y la dinámica del sistema y sus subsistemas. Esta alteración significa sacar del nivel de confort a aquellos para los cuales la forma en que ha funcionado y funciona el sistema les ha traído resultados y beneficios; por tanto, están convencidos que, al dejarlos igual, quizá solo con algún cambio cosmético, les seguirá trayendo beneficios. Con seguridad, muchos de ellos no tengan conciencia que conservar beneficios únicamente para algunos, podría solo ser sostenible y viable en el corto plazo o cuando más a mediano plazo, porque más temprano que tarde el sistema colapsará.

El líder en su visionaria perspectiva podría reconocer que el sistema se está resquebrajando, que tiene daños estructurales importantes, que ya no aceptan más remiendos ni más parches, por lo cual el sistema -tal cual está concebido- no parece viable ni sostenible en el tiempo, y que es solo cuestión de tiempo para que colapse.

Posiblemente, han sido muchos años explotándolo irracionalmente, pero -sin duda- este argumento no será claramente entendido y -con seguridad- criticado por individuos con mentalidad pragmática y quienes desean continuar lucrándose de la forma en que opera el sistema.

No obstante, para aclarar más y mejor el tema he considerado válido apoyarme en las palabras del brillante diplomático, funcionario, filósofo político y escritor italiano Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527), considerado el Padre de la Ciencia Política Moderna, quien afirmó siglos atrás que “El innovador o reformador está siempre ante el riesgo o problema de transformarse en enemigo de todos, porque toma tiempo que el beneficio de los cambios o reformas que promueve llegue a aquellos que se van a beneficiar. En cambio, los que son afectados por el cambio o reforma sienten el perjuicio de inmediato”.

En otras palabras, el líder innovador o reformador se transforma en enemigo de todos aquellos para quienes las leyes antiguas estaban a su favor y los beneficiaban, y solo logra la tímida o débil aprobación de quienes se beneficiarán con las nuevas leyes o cambios, porque éstos últimos serán incrédulos o cautelosos ante esos cambios o reformas, hasta tanto vean sus frutos, lo cual requerirá algún tiempo.

El líder debe tener muy claro que está liderizando un sistema, en donde el todo afecta a las partes y las partes al todo, y que los cambios o reformas no se logran “overnight” sino a través de procesos cuyo insumo básico es el tiempo. Por tanto, en el corto plazo, las ganancias o logros de un lado siempre representarán perdidas de otro lado. Sin embargo, en el mediano y largo plazo, los cambios deberían tener un impacto positivo para todas las partes del sistema, pero ello podría llevar mucho tiempo, conflictos y saboteos.  

En el ínterin, ocurre que muchas buenas ideas y sueños, que con seguridad son necesarios, existieron y pudieron hacerse realidad a través de cambios y transformaciones, terminan desvirtuándose por variadas razones. Con una parte de la sociedad apostando a perdedor y al fracaso de las reformas se acentúan las polaridades políticas y sociales, surgen luchas intestinas acentuadas por el fanatismo, mientras los posibles logros y mejoras se diluyen.  

En la realidad, este será un tema sin solución, una utopía o un sueño, hasta tanto no exista clara conciencia por parte de todos los actores del sistema acerca de la necesidad de realizar cambios profundos y transformaciones en los modelos existentes, lo cual representará para muchos ceder posiciones de poder y lucro, que son percibidos -miopemente- solo como “sacrificios”. Mientras tanto, mientras ese sueño se hace realidad, el conflicto, el fanatismo, las luchas y los cambios extremos de gobiernos con violentas transiciones de la derecha a la izquierda y viceversa, donde finalmente todos perderemos, continuarán siendo la práctica común en nuestras sociedades.

Los ciudadanos debemos tener la posibilidad de comunicarnos libremente, sin la presión de la ideología ni del fanatismo.

En democracia los ciudadanos deberíamos tener garantizada la libertad de expresarnos, sin que nuestras opiniones y argumentos sean criticados únicamente desde una perspectiva fanático-ideológica.

Sin embargo, lo que ocurre es que estamos perdiendo -cada vez- a mayor velocidad la posibilidad de expresar libremente nuestros puntos de vista, lo cual limita nuestra opinión sobre los diversos temas sociales, económicos, educativos, de salud, laborales, de justicia, culturales, científicos, religiosos y cualquiera otro, que nos impactan positiva o negativamente a todos y a las comunidades locales, regionales y mundiales a las cuales pertenecemos, porque apenas  nos atrevemos a expresar nuestro sentir u opinión, somos juzgados, criticados y descalificados junto a nuestras opiniones y argumentos desde una perspectiva o punto de vista puramente ideológico y -en muchos casos- hasta cargado de  fanatismo.

Vivir inmersos en la ideología lleva a cualquier planteamiento o perspectiva al área de las creencias y de lo emocional, por racional o justificados que algunos consideren estos planteamientos o perspectivas, su defensa a ultranza los hace precipitarse en el fanatismo. Es una absoluta realidad, que muchos individuos han venido perdiendo el punto de vista propio, mientras se convierten en un reflejo o “zombi” de alguna particular ideología.

Es por ello, que aplaudir o criticar la decisión, conducta o acción de alguna persona, corriente o institución, llevará a cualquiera de nuestros argumentos a una automática e inmediata descalificación desde un punto ideológico, sin consideración ni respeto por nuestras reales y genuinas razones para habernos expresado -de alguna particular manera- al respecto. A nadie parece importar mis argumentos para aplaudir o criticar, porque solo importa a quién o qué aplaudo o crítico. 

Hemos llegado a un triste momento de extrema división y polarización, donde parece que quien más polariza “gana”, olvidando que a los seres humanos es más lo que nos une que lo que nos separa. Esta absurda polarización, simplemente destruye cualquier aplauso o palabra de reconocimiento o felicitación, por válida que ésta sea, debido a una decisión bien tomada o a una gestión bien realizada, porque si no es a favor de un líder, un bando o ideología en particular, debemos prepararnos para la lluvia de críticas extremas, algunas de las cuales pueden llegar a un lenguaje grosero e indigno.

Igualmente, desde el otro ángulo, también se destruye o minimiza cualquier observación o crítica, por constructiva y racional que ésta sea, relacionada con una deficiente decisión, conducta o acción, ya que, si esta crítica va dirigida a un líder, un bando o una ideología particular, debemos -también- prepararnos para una lluvia de críticas extremas, algunas de las cuales también pueden llegar a un lenguaje grosero e indigno.

En cualquier lugar del mundo y ahora -aún más en las redes sociales-, iniciar discusiones sobre los diferentes temas relacionados -de alguna manera- con economía, política, gobierno, religión, género, razas, etcétera, se ha distorsionado y desvirtuado de tal manera que toda discusión es llevada al campo ideológico.

La horrible frase “Estás conmigo o estás contra mí”, es cada vez más vigente, en un mundo que hace desaparecer los espacios o puntos medios o de equilibrio, para irse a los extremos. Hoy día mencionar la palabra social, es ganarnos el tildado argumento de izquierdista, como sino fuéramos seres sociales; mientras que referirnos al mercado es un argumento de derecha. El fanatismo político -en este caso- nos roba palabras, que parece no podemos utilizar libremente. Ideas proselitistas, dirigidas a conseguir adeptos y fanáticos a muchas oscuras causas, desvirtúan hechos y reales problemas.

Los ciudadanos están atrapados en sus respectivos partidos políticos, grupos religiosos, grupos sociales de diferente índole y tendencia, en los cuales cualquier discrepancia o separación con respecto a las líneas del grupo, partido o del líder de turno, es considerada un acto de disidencia e irrespeto, algunos grupos son literalmente prisiones. Incluso, ocurre que cuando algún individuo tiene una posición visible dentro de la estructura política del partido, grupo religioso o social y decide discrepar o separarse de las líneas ortodoxas, este individuo es censurado y descalificado públicamente, en una actitud casi fundamentalista. Sin intentar comprender razones ni argumentos, porque ellos conciben como una herejía discrepar o disentir de las líneas dogmáticas de esa casi “secta” política, religiosa o de cualquier tipo.

Como ciudadano considero que todos debemos tener la absoluta libertad para criticar las ideas, argumentos, decisiones y acciones, incluso en algunos casos a personas, pero haciéndolo desde un punto de vista amplio, balanceado y, sobre todo, respetuoso. Creo en las palabras las palabras del Clérigo Sudafricano y Premio Nobel de la Paz (1984), Desmond Tutu, quien refería que su padre le decía: “No levantes la voz, mejora tu argumento”.

Es vital considerar las razones de todo argumento, porque esto es parte vital para hacer realidad los procesos de cambio y transformación que exigen los nuevos tiempos, sin que ello signifique descalificar a quien expresa su aprobación o rechazo a las decisiones o acciones de los líderes, grupos o instituciones, sin que sus argumentos sean criticados solo desde una perspectiva ideológica.

En una auténtica democracia deberíamos poder discutir, disentir, aprobar, rechazar, aplaudir o criticar decisiones y acciones de los líderes, grupos o instituciones, sin que nuestra posición sea despedazada sin ningún tipo de equilibrios ni respeto.  El fanatismo no debe tener cabida por sus exageraciones, irracionalidad, extremismos, violencia y ceguera, para dar incondicional respaldo a creencias y opiniones que no pueden sostenerse en argumentos ni lógicos ni racionales. Tengamos presente que el fanatismo parte de un desconocimiento de la real realidad.

Muchos individuos traen dentro de sí mismos odios viscerales importados de otros horizontes y de otros momentos en el tiempo, algunos vividos pero otros muchos heredados, que son extrapolados a los nuevos lugares y momentos, repitiendo y reviviendo continuamente en sus mentes la historia que vivieron o simplemente les contaron, convirtiéndose en fanáticos defensores de esas creencias y odios viscerales, ya quizá sin sentido.  

Uno de los riesgos de propiciar el silencio y eliminar la crítica a través del miedo, lo refleja el escrito del pastor alemán Martin Niemöller, encarcelado por el gobierno de Hitler, quien expresó en el poema “Cuando los nazis vinieron”, los resultados parciales y finales de ese silencio cómplice, que algún día llevará a que sus consecuencias se vuelvan contra nosotros mismos:

“Cuando vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron por los judíos, no dije nada porque yo no era judío. Cuando vinieron por los sindicalistas, tampoco dije nada porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron por los católicos, no dije nada porque yo era protestante. Cuando vinieron por mí, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Muchas de las tragedias y problemas de hoy son resultado de los silencios, comodidades, tolerancias, pasividades y miedos de ayer. Una frase de autoría anónima nos recuerda que “A veces lavándonos las manos nos ensuciamos la conciencia”; tal cual lo hizo Poncio Pilato, cuando tomó el agua y se lavó las manos delante de la gente, diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis».

En resumen, quiero -como quizá muchos otros- tener la libertad de expresarme sin que mis percepciones, opiniones, argumentos y puntos de vista, sobre algún tema en particular se desvirtúen, distorsionen o diluyan en una interminable, tóxica, irrespetuosa, ideológica y fanática discusión, en la cual -entre tanto irrespeto y critica- se pierden las razones y los argumentos originales de la discusión, los cuales pudieron haber sido útiles para lograr cambios o mejoras.

Miguel A. Terán

Un ciudadano instruido, educado y crítico es condición vital para consolidar una sociedad democrática. Miguel A. Terán

Muchas “democracias” se han mantenido por años -literalmente- “guindando”, soportadas básicamente en la ignorancia de los pueblos. Pero la ignorancia, para estos efectos, es un arma de doble filo, como puede “cortar” para un lado, puede también hacerlo para el otro. Ello ocurre cuando un sociedad con un “sistema democrático” la vemos “de repente” transitando hacia otro extremo político.

El caso es que un individuo que es fácilmente manipulable por una determinada corriente política o por un liderazgo basado en emociones, entre ellas el miedo y la ira, será fácilmente manipulable por cualquiera otra corriente que explote lo mismo, desde la acera de enfrente. En este individuo la ignorancia y la emocionalidad hacen estragos en su capacidad de decisión, donde la racionalidad y la conciencia son dos grandes ausentes.

lidervoice-logoEsa es la razón por la cual el sistema social debe formar ciudadanos instruidos, educados y críticos, quiero decir adecuadamente informados y conscientes de lo que ocurre en su entorno cercano y en el mundo, así como claros en sus compromisos, deberes y derechos. En otras palabras, un individuo capaz de criticar o defender con válidos argumentos sus puntos de vista.

Tengamos presente que no es viable o no será sustentable en el tiempo una democracia donde los ciudadanos sean individuos ignorantes, apáticos e inconscientes. La razón para esta afirmación es que este tipo de individuo no da equilibrio al sistema, ya que es una pieza movible y manipulable a discreción del líder o partido político de turno. Sin ese equilibrio de los ciudadanos el sistema tiene a desbalancearse haciéndose cada vez menos armónico.

Expresaba el Libertador Simón Bolívar que “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, expresión que no dejado de tener razón y la historia ha demostrado como los pueblos ignorantes son atrapados por gobernantes y falsos líderes que los hacen caminar por oscuros senderos. Continúa leyendo Un ciudadano instruido, educado y crítico es condición vital para consolidar una sociedad democrática. Miguel A. Terán

El ciudadano responsable verifica la información que recibe antes de aceptarla y transmitirla. Miguel A. Terán

En un mundo tecnológico y cargado de datos e información es vital filtrarlos y verificarlos, para determinar la veracidad o no de los mismos, antes de creerlos y transmitirlos a otras personas. Sin lugar a duda, que esta responsabilidad está en nuestras manos. Podemos convencernos de una mentira y ser parte del problema al compartirla en las redes, sin haberla verificado previamente.

En otras palabras, así como es posible recibir información falsa, también la misma tecnología nos permite verificarla de fácil manera. Podemos buscar en diversas y serias fuentes opciones de verificación. Entonces, parece no haber escape a nuestra importante cuota de responsabilidad para con nosotros mismos y para con los demás. 

Es un hecho que, tal cual, deterioramos nuestra salud física alimentándonos de manera inadecuada o deficiente; también deterioramos nuestra salud mental, emocional y espiritual cargándonos o saturándonos de información irrelevante, innecesaria, inútil, manipulada, desvirtuada, sesgada o de pésima calidad. Peor aún si pretendemos aplicar similar dosis a nuestros amigos reales y virtuales intoxicándolos con esa basura.

Es necesario que evitemos reaccionar ante una información o noticia, tomando –para ello- el tiempo requerido a fin de verificar la información antes de hacernos eco de esta. Muchas noticias, más allá, de lo ciertas que puedan ser solo contribuyen a crear nerviosismo, angustia o agravar un problema, sin aportar nada bueno; por tal razón, no debemos sumarnos a la campaña de caos o de la crítica desmedida, detrás de las cuales con seguridad existen intereses que desconocemos.  

Innumerables noticias de prensa, medios e intereses amarillistas, lejos ayudar a un mundo mejor contribuyen al caos, angustia y desconfianza. Detrás de esa información falsa, desvirtuada, medias verdades y siempre dañina, existen diversos, variados y oscuros intereses.

Es válido ratificar que el lenguaje no es inocente, las palabras tienen alguna razón de ser y crean realidades, para bien o para mal, ciertas o falsas. Al convertirnos en eco de información no verificada podemos contribuir a diseminar información de dudosa fuente y razón. Estimo que más de un 98% de la información que recibimos no ha sido verificada por quien nos la hizo llegar, entonces hagamos la tarea nosotros, antes de creerla y de transmitirla.

Los seres humanos a pesar de lo racionales que creemos ser, en ocasiones actuamos de manera irracional. Muchos individuos u organizaciones promotores de falsa información están convencidos de nuestra irracionalidad y, seguros, que ello nos llevará a reaccionar sin verificar y convertirnos en parte de su equipo de promoción de información desvirtuada, falsa y negativa. 

En las redes circula mucha información de todo tipo, cierta y falsa. Hace algún tiempo, una historia famosa reportada en BBC –Mundo fue la referente a la niña de seis años Charly Johns quien luchaba contra el cáncer, y su madre Anna reportó a través de las redes sus avances por dos años, hasta que anunció que la niña, finalmente, perdió la batalla contra la enfermedad. La verdad descubierta más adelante fue que ni Charly ni Anna existían, porque simplemente fueron invento de una adolescente. 

Muchas personas -entre las cuales encontramos a algunos amigos reales o virtuales- retransmiten información no verificada o de la cual incluso tienen dudas de su veracidad, pero la razón para transmitirla es que esa información está en línea con su manera de pensar o interés acerca de algún particular tema, por ello, irresponsable o manipuladoramente la comparten.  

Recuerdo que una vez reclamé a una amiga virtual haber compartido la portada de una revista, que hacía referencia a la ostentosa casa de un político, quise verificar la información utilizando el número y la fecha de la edición, para lo cual procedí a buscar la portada en la página web de la revista, encontrando que en ese número realmente aparecía la casa, pero era de un futbolista cuya foto y titular habían sido cambiados por los del político. Le hice el reclamo a mi amiga y me dijo que no le importaba, porque lo que deseaba era dar mala publicidad al político. Por supuesto, la bloqué a ella de todas mis redes.  Hacer montajes hoy día es fácil, no seamos cómplices de oscuros intereses.  

La información que compartimos demuestra nuestro nivel de conocimiento o nuestra ignorancia, acertadamente el músico irlandés y activista político Bono afirma “Cuanto menos sabes, más crees”. Podemos ser tontos útiles y para evitarlo debemos ser responsables y honestos en el manejo de nuestras redes sociales, garantizando la veracidad de las noticias y la seriedad de la fuente, hasta en aquella información que parezca nada dañina, es nuestro compromiso de conciencia ciudadana.

Lección de Auténtico Liderazgo: “Excava el pozo antes de que tengas sed”. Proverbio chino

Un claro y simple mensaje de sabiduría milenaria nos deja ver a través de un sencillo ejemplo, la importancia de planificar y actuar a tiempo, anticipando necesidades para satisfacerlas en su oportuno momento y previendo potenciales eventos de riesgo para buscar soluciones a tiempo.

El líder debe tener claro que si iniciamos la excavación del pozo cuando ya tenemos sed, terminaremos muriendo sedientos, sin haberlo lograrlo. 

Se dice que cuando la oportunidad llega ya es algo tarde para prepararnos y, que, por lo contrario, la suerte sonríe a quien encuentra adecuadamente preparado. En realidad, no es cuestión de suerte es cuestión de visión, proactividad, prioridad, enfoque, preparación y esfuerzo. 

Permitir que nos consuman las urgencias y emergencias, dedicándonos solo a “apagar incendios” nos hará desviarnos de lo realmente importante, desperdiciando inútilmente tiempo y otros recursos. Equilibrar lo urgente y lo importante es una habilidad vital del líder para liderizar con sentido, evitar problemas y construir futuro.  

Debemos estar claros que lo que logramos en el presente es directa consecuencia de las decisiones y acciones que hemos tomado en algún momento del pasado, lejano o reciente, basados en nuestra forma de pensar, que a su vez se sostiene en nuestras creencias y paradigmas. Y que recogeremos en el futuro la cosecha de lo que estamos sembrando hoy. El líder condenaría a sus seguidores y deterioraría su gestión, sí pretende resolver los problemas solo en la medida que éstos vayan surgiendo.

Entonces, el líder debe establecer a tiempo objetivos y prioridades del proyecto que lideriza, escogiendo con adecuado criterio las mejores alternativas y opciones para alcanzarlos, definiendo y cuantificando los recursos a utilizar y procurando siempre la satisfacción de las necesidades y sueños de sus seguidores.

El mensaje de este metafórico proverbio, es que el líder debe escoger con sabiduría el lugar donde excavar el pozo y determinar el momento adecuado para hacerlo, siempre antes de que aparezca la sed y nos consuma el agotamiento.

El auténtico liderazgo se hace visible en los momentos de crisis. Miguel A. Terán

En aguas mansas cualquier marinero es Capitán. Y es un hecho que “Cualquiera puede sostener el timón cuando el mar está en calma”, como sabiamente expresó, hace más de dos milenios, el escritor latino Publio Sirio.  En otras palabras, parece y seguramente es fácil navegar en aguas mansas.

En aquellos casos, donde surge algún acontecimiento inesperado y potencialmente dañino o perjudicial, que podríamos definir como crisis, el líder debe dar respuesta inmediata y efectiva al acontecimiento y sus consecuencias, evitando daños e impactos mayores.  Para ello, el líder debe realizar un detallado análisis y evaluación de la crisis y sus características, lo cual es vital para una adecuado diagnóstico y prescripción de las medidas a tomar.

No obstante, es importante aclarar que en una efectiva gestión de liderazgo las crisis deberían ser más excepciones que reglas, porque una de las características de un auténtico líder es ser visionario y proactivo, nunca -o excepcionalmente reactivo-, por lo cual tendrá la capacidad de anticipar y evitar el surgimiento y desarrollo de estados de crisis.

Un auténtico líder siempre dedicará tiempo y recursos enfocados en anticipar potenciales eventos o amenazas que podrían generar inestabilidad o causar impacto y daño. Comprender las necesidades de sus seguidores y hacer el mejor y más efectivo esfuerzo por satisfacerlas -especialmente durante una crisis- es tarea básica de un auténtico líder, para evitar que esas necesidades insatisfechas se conviertan en un problema adicional a la crisis.   

Ese análisis y evaluación debe permitir al líder determinar con la mayor precisión la realidad con la que se enfrenta, a fin de definir sus características y alcance, para establecer prioridades, decidir y actuar lo antes posible.

Recordemos que “La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece”, según expresó el escritor y novelista estadounidense Philip K. Dick. La percepción de un problema, su potencial de daño y sus dimensiones, estará de alguna manera desvirtuada y sesgada por creencias, paradigmas e intereses. En otras palabras, existe el latente riesgo que la emocionalidad puede superar la racionalidad.

El líder debe evitar dispersarse buscando culpables y enfocarse en resolver la crisis. Él debe ser la cara visible de la lucha contra la crisis, representando el lado balanceado y equilibrado, para buscar armonizar todas las variables en juego y gestionar de manera efectiva la solución.

El auténtico líder debe ser punto de unión, enlace y vínculo entre todos los actores que tienen un rol o son víctimas reales o potenciales en una crisis. Generalmente, las crisis se salen de la actividad estándar; por ello, la efectiva gestión de crisis requiere involucrar equipos multidisciplinarios de expertos.

En las crisis usualmente el tiempo es un recurso escaso y trabaja a favor de la crisis, ello significa que la crisis tiende a crecer y diversificarse en caso de no ser detectada, contenida y controlada a tiempo.  El líder debe estar consciente que las crisis son riesgosas, no solo por sus efectos inmediatos sino debido a que pueden convertirse en una “Bola de Nieve” y por su efecto residual en el futuro.

Luego de controlada la crisis el líder debe evaluar el desarrollo de planes y programas de recuperación, para reanudar las actividades desde una nueva perspectiva o circunstancia. Igualmente, debe -junto a su equipo- evaluar y analizar lo ocurrido para comprender la enseñanza y obtener el aprendizaje que dejó la experiencia vivida, a fin de evitar que vuelvan a repetirse crisis similares en el futuro.